Puerto Natales y el Parque Nacional Torres del Paine

Nues­tra primera estancia en Chile empezó con un viaje muy largo (casi 15 horas) en bus desde Ushuaia hasta Puerto Natales. Al subir al bus nos recibió una mala sor­presa, nos dijeron que los chilenos no dejan entrar nada de comida fresca a su país y si te pil­lan, te dan una multa gorda. Entonces, durante las primeras cua­tro horas de viaje tuvi­mos que comer todo el jamón y el queso que habíamos com­prado el día ante­rior. En la fron­tera chilena de ver­dad nos hicieron bajar todas las mochi­las y las pasaron por el escáner, la sen­sación fue como entrar en el Reino Unido hace algunos años. El viaje se alargó aún más porque en un momento se estropeó el freno del bus y tuvi­mos que esperar una hora hasta que lo reparasen. Este momento fue muy diver­tido; escuchamos los dos con­duc­tores del bus hablando en voz muy alta y nadie sabía que estaba pasando. Mien­tras tanto en el bus se moría de calor pero nadie tenía el valor de bajar del bus y pre­gun­tar cómo estaba la situación. Al cabo de unos 20 min­u­tos las primeras per­sonas muer­tas de calor bajaron y luego todos los demás. Estábamos en una car­retera en el medio de la pampa chilena no había abso­lu­ta­mente nada y la car­retera era de tierra y piedras. Durante el tiempo que estu­vi­mos esperando que los con­duc­tores arreglaran el bus conoci­mos a una pareja chilena que esta­ban de vaca­ciones, ella era profe uni­ver­si­tario y estaba muy entu­si­asta de cono­cer­nos. Nos hablaron de algunos par­ques nat­u­rales en Chile a ver si logramos ir a verlos.

Ya bas­tante tarde por la noche lleg­amos a Puerto Natales, cuando lleg­amos a casa de Bastián el chico que había acep­tado hospedarnos, nos dimos cuenta de que habíamos lle­gado a una casa llena de couch­surfers. Glo­ria y Óscar son dos per­sonas increíbles que han hospedado ya muchísima gente, esta vez tam­bién tenían todas las habita­ciones llenas, pero todo fue de muy buen rollo y pronto nos sen­ti­mos cómo­dos en su casa. La primera noche dormi­mos en el salón en un colchón con nue­stros sacos y el día sigu­iente hici­mos un día de des­canso en Puerto Natales preparando los sigu­ientes 3 días de senderismo en el Par­que Nacional Tor­res del Paine. Por la mañana nos lev­an­ta­mos y fuimos a dar un paseo por la ciu­dad que se ve que vive may­ori­tari­a­mente de tur­ismo, porque había más alber­gues y agen­cias de viaje que otra cosa. Estos días hemos pasado bas­tante tiempo con Alex, una chica de Eslo­vaquia y su amiga esta­dounidense. Óscar nos comentó el día ante­rior que él tra­ba­jaba en un ferry entre Puerto Natales y una pequeña isla, así aprovechamos la opor­tu­nidad de vis­i­tar la isla y tener una vista bonita de Puerto Natales. Fuimos a comer en un restau­rante donde nos sirvieron con la veloci­dad de un cara­col, pero la ver­dad es que estu­vi­mos dis­fru­tando del día de relax, así no nos importó ni eso. Por la tarde nos pusi­mos a orga­ni­zar nues­tra ruta por el par­que nacional Tor­res del Paine en que Glo­ria nos ayudó mucho con sus con­se­jos. Com­pramos tam­bién los bil­letes de sal­ida desde Puerto Natales a el Calafate, menos mal que lo hici­mos porque qued­a­ban solo 4 plazas en el bus. Lo que fue un ver­dadero lío ha sido reor­ga­ni­zar todas nues­tras cosas para ir de trek­ing al par­que con solo una mochila grande y una pequeña entre los dos dejando todo lo no nece­sario en casa. Aque­lla noche preparamos la cena todos jun­tos y el plato estrella fue el pescado que había pescado Óscar la misma mañana. En total éramos más o menos veinte per­sonas en la mesa; fue algo increíble había amer­i­canos, eslo­va­cos, rusos, france­ses, un maltés, españoles y nosotros. Todos jun­tos y como dicen Glo­ria y Oscar “com­par­tiendo momen­tos de la vida”.

Excur­sión Par­que Nacional Tor­res del Paine

Día 1: Lago Pehoé – Cam­pa­mento Ital­iano – Mirador Francés

El lunes nos des­per­ta­mos pronto, porque a las 7h30 de la mañana vino el bus a recoger­nos para lle­varnos al par­que que se encuen­tra a unos doscien­tos kilómet­ros de Puerto Natales. Después de pagar la entrada bien cara al par­que, sigu­iendo los con­se­jos de Glo­ria cogi­mos el cata­marán que nos llevó al punto de sal­ida de nues­tra cam­i­nata. La ver­dad es que no hici­mos aún muchos trek­ings de var­ios días, fue una sen­sación rara al prin­ci­pio cam­i­nar con las mochi­las bas­tante car­gadas (la tienda, los sacos, la comida para 3 días). Encima el primer día hacía muy mal tiempo, no paraba de llover y hubo un viento tan fuerte que a veces tuvi­mos que agar­rar un árbol para que no se nos lle­vara, sobre todo no se lle­vara a Rachele. En la primera parte de la ruta vimos aque­lla parte del par­que que se quemó en el incen­dio de enero 2012, la ver­dad es que nos hizo muy triste ver tan­tos árboles que­ma­dos y tanta tierra negra pero la segunda parte fue más ale­gre; tuvi­mos que atrav­esar pequeños ríos salte­ando de piedra en piedra y pasar por puentes de estos que se mueven todos.

 Lleg­amos hasta el cam­pa­mento ital­iano, un cam­pa­mento gra­tu­ito de que hay var­ios en el par­que. Son muy bási­cos pero tienen un guarda par­que las 24 horas que te ayuda en todo lo que nece­sites. La idea fue subir hasta el mirador británico, pero al final solo pudi­mos subir hasta el mirador francés de donde había una vista bonita de la valle con el río y un glaciar. Dormi­mos en la tienda rel­a­ti­va­mente bien y sin pasar nada de frío aunque afuera había como 0–5 gra­dos (durante estos 3 días vimos que el mate­r­ial téc­nico que habíamos com­prado fue una muy buena com­pra), eso sí , por la mañana hasta que no empezáramos a cam­i­nar, teníamos mucho frío.


Día 2: Cam­pa­mento Ital­iano – Refu­gio de los Cuer­nos — Refu­gio Chileno – Cam­pa­mento base Tor­res del Paine– Mirador Tor­res del Paine

El segundo día por suerte se mejoró muchísimo el tiempo, menos mal porque este día cam­i­namos 10 horas y media en total. En la primera parte del camino pasamos al lado de los lagos, cada vez había más sol, solo el viento nos molestó a veces pero otras nos ayudó dán­donos un empu­joncito palante!!! Como nos dijo Glo­ria en aquel sen­tido de los senderos el viento casi siem­pre está a favor. Lleg­amos al cam­pa­mento después de 8 horas y media de camino y vimos que el cielo estaba despe­jado y se podían ver las famosas tor­res que son el sím­bolo de este par­que. Sabíamos que no podíamos desaprovechar esta posi­bil­i­dad porque todos estos días el cielo estaba muy nublado y no se les podía ver, entonces dejamos las mochi­las al guarda par­que y nos pusi­mos a hacer la subida que fue trepar bas­tante y clara­mente nos costó aún más por haberla hecho lle­vando ya más de veinte kilómet­ros en las pier­nas. Fue durísima, pero en cada esquina había gente que notán­donos muy cansa­dos nos ani­maba dicién­donos: “anda que te falta poco, solo 35 min­u­tos!” y luego: “anda que te falta poco, solo 20 min­u­tos!” y a lo último: “anda que te falta poco, solo 10 min­u­tos!” Creo que el can­san­cio se veía en nues­tras caras. Sin embargo, la sen­sación de lle­gar arriba nos com­pensó por todo el esfuerzo, vimos las tor­res majes­tu­osas que jun­tas con el lago delante son un paisaje increíble. Bajamos al camp­ing, mon­ta­mos la tienda y después de cenar algo, nos acosta­mos muy rápido.

Día 3: Cam­pa­mento Tor­res del Paine – Laguna Amarga

La mañana sigu­iente vimos que valió el esfuerzo de subir, porque otra vez estaba todo cubierto y estaba lloviendo bas­tante. Después de desmon­tar la tienda bajamos tran­quil­i­tos, parando en el bar del refu­gio Chileno para tomar algo caliente y luego cogi­mos el bus para volver a Puerto Natales. El par­que esta super bien cuidado, no hay nada de suciedad y esto gra­cias a los vis­i­tantes que lo cuidan y a toda la gente que tra­baja allí. Per­sonal­mente no hemos visto nadie que dejara basura o papel en el parque.

En Puerto Natales nos tocó otra vez reor­ga­ni­zar las mochi­las para el viaje del día sigu­iente, pero tuvi­mos tiempo de dis­fru­tar la com­pañía de nue­stros anfitri­ones y otros chicos de couch­surf­ing cenando otra vez pescado bueno. Durante la cena nos enter­amos de algu­nas curiosi­dades sobre los chilenos: ¿sabíais que en Chile hay la botella de Coca-Cola de 3 litros y que los chilenos son los primeros con­sum­i­dores de este refresco después de los yan­quis? ¿Sabíais que Chile es el segundo país del mundo después de Ale­ma­nia que más pan con­sume? Nos des­ped­i­mos de la familia: Glo­ria, Óscar, Bastián, Enzo y Ali­son, gra­cias por su hos­pi­tal­i­dad y por poder com­par­tir estos días con Ust­edes!

Ushuaia: ¡unos días de maravilla en “el fin del mundo”!

Acabamos de entrar a Chile, lle­va­mos ya algu­nas horas de las 14 que nos esperan hoy en el auto­bús hacía Puerto Natales, pero aun no podemos dejar de hablar de los días que hemos pasado en la ciu­dad más aus­tral del mundo. Aunque los paisajes, la fauna que hemos visto fueron her­mosísi­mos, estos días no olvi­dare­mos nunca ante todo por haber­los com­par­tido con María, nues­tra host de Couch­surf­ing en Ushuaia.

Lleg­amos a Ushuaia el miér­coles por la tarde, María y sus sobrini­tos (Abril y Franco) nos estu­vieron esperando en el aerop­uerto con un car­tel en la mano con nue­stros nom­bres como en las pelícu­las. Nunca vamos a olvi­dar lo que nos contó luego, la con­ver­sación que tuvo con los sobri­nos mien­tras nos esper­aba. Los chicos le pre­gun­taron a quiénes estaba esperando y ella les dijo que a sus ami­gos, los niños sin enten­der la cosa le pre­gun­taron por qué llev­aba un car­tel con nue­stros nom­bres si éramos sus ami­gos; ella les respondió que porque aún no nos conocía y los niños se quedaron un poco des­ori­en­ta­dos. Creo que esta con­versa resume el espíritu de María que nos ha impactado tanto durante estos días y por lo que nos sen­tíamos muy emo­ciona­dos al mar­char. María es una abo­gada jubi­lada que ded­ica mucho tiempo de su vida a la mejora de este mundo. Lleva mucho tiempo luchando en el par­tido human­ista por los dere­chos humanos, ante todo por los de las mujeres, que sabe­mos que en algunos países de Sud-América el machismo y la vio­len­cia de género sigue siendo un prob­lema muy grave.

La primera tarde corta que estu­vi­mos en Ushuaia, María nos llevó al cen­tro donde com­pramos los bil­letes de nues­tra sal­ida para Puerto Natales pre­vista para el sábado (en tem­po­rada alta los buses se llenan muy rápido) y luego nos llevó a un lugar cerca de la ciu­dad, donde pudi­mos con­tem­plar una vista espec­tac­u­lar de la Bahía de Ushuaia y del Canal Bea­gle. En esta zona hici­mos un paseo de una hora para entrar un poco en el bosque y ver algu­nas mon­tañas nevadas. Después, fuimos a casa, María nos cocinó una cena bien rica y luego nos llevó a dar vueltas por Ushuaia, nos enseñó muchas cosi­tas intere­santes que segu­ra­mente no se podrían cono­cer sigu­iendo los itin­er­ar­ios turís­ti­cos.

El día sigu­iente, nos lev­an­ta­mos pronto, porque ya teníamos reser­vada nues­tra excur­sión en barco por el Canal Bea­gle. En esta excur­sión de 5 horas, fuimos a ver el faro “fin del mundo” de que hay que saber que no es el faro más aus­tral que hay, pero igual­mente nos hizo gra­cia. Luego fuimos a ver algu­nas islas en que viven leones mari­nos, focas, cor­moranes y luego la cum­bre de la excur­sión fue la isla con los pingüi­nos. A pesar del viento fuerte que cor­ría por el barco, nosotros lo pasamos como niños; ninguno de los dos habíamos visto antes leones mari­nos o pingüi­nos en su hábito nat­ural. En el barco tuvi­mos otro encuen­tro con la hos­pi­tal­i­dad argentina, nos pusi­mos a con­ver­sar con una señora muy maja de Buenos Aires que nos dejó su tar­jeta y nos dijo que le llamáramos cuando volva­mos a Buenos Aires y nos invi­taría a comer para con­tribuir a nue­stro año sabático.

Por la tarde volvi­mos a casa y luego vino la mejor parte de nues­tra estancia en Ushuaia. María nos llevó, con Car­olina (una CS ale­m­ana que llegó aquel día a su casa) y los sobrini­tos al Par­que Nat­ural de la Tierra del Fuego. En Argentina se paga por vis­i­tar los par­ques nat­u­rales (una cosa que nos cuesta un poco enten­der), pero con María hemos pagado solo la entrada que cor­re­sponde a los argenti­nos, en vez de pagar el pre­cio que nor­mal­mente pagan los extran­jeros. Primero recor­ri­mos el par­que en coche parando en algunos sitios para dar algunos paseí­tos por las zonas más intere­santes del par­que, hemos lle­gado hasta el fondo donde se acaba la ruta nacional 3 de Argentina que sale de Buenos Aires y recorre casi 4000 kilómet­ros. Aunque chis­peaba un poco, fuimos al camp­ing donde no había nadie, nos bus­camos una par­rilla que estaba rel­a­ti­va­mente pro­te­gida de la llu­via y nos pusi­mos a preparar un asado argentino con ver­duras, coci­namos las ver­duras, la carne, las salchichas que habíamos com­prado antes y tuvi­mos una cena muy agrad­able, comi­mos como ver­daderos Argenti­nos!!!!! Después de comer mon­ta­mos las tien­das y nos acosta­mos con­tentos escuchando los cuen­tos que María con­taba a Abril.

La mañana sigu­iente nos des­per­ta­mos con un día soleado, cone­jos y pájaros estu­vieron esperán­donos al lado de nues­tra tienda. Por la mañana hemos vis­i­tado a algu­nas lagu­nas her­mosísi­mas que se encuen­tran por el par­que, dis­fru­ta­mos todo el día de la nat­u­raleza y del buen tiempo. Pudi­mos ver muchos ani­males, hasta vimos un zorro cruzar la car­retera. Hubo un inci­dente que ahora ya podemos con­tar con ale­gría, Abril se dio cuenta de haber per­dido su aparato de dientes, así que para bus­carlo volvi­mos a los lugares en que habíamos estado el día ante­rior y cuando casi habíamos per­dido las esper­an­zas, por mila­gro Car­olina lo encon­tró. Hici­mos una excur­sión subi­endo a un lugar de donde había unas vis­tas muy boni­tas del par­que y del Canal Bea­gle y luego nos bus­camos un sitio con césped, en la orilla de un río pequeño para hacer un pic­nic con la comida que sobraba del día ante­rior. Lo más bonito fue que a un cierto punto de la comida mien­tras estábamos allí tran­quil­a­mente char­lando aparecieron 4 cabal­los sal­va­jes al lado nue­stro que nos salu­daron y cruzaron el río. Todo el día tuvi­mos muchas con­ver­sas intere­santes sobre Argentina y nue­stros países, creemos que todos hemos apren­dido mucho. Por la tarde, después de des­cansar un poco y preparar nues­tras mochi­las para la sal­ida de hoy, coci­namos esta vez nosotros y pasamos algu­nas horas char­lando en la mesa. Nos des­ped­i­mos de María y Car­olina un poco tristes, pero ya sabíamos que hoy a las 7h30 nos tocaba estar en el cen­tro para tomar el bus con direc­ción Chile. Esta mañana nos des­per­ta­mos pronto para ir a tomar el bus en el cen­tro y tuvi­mos una última buena expe­ri­en­cia. Estu­vi­mos bus­cando pan para los bocadil­los que queríamos lle­var al viaje y todas las panaderías esta­ban aún cer­radas, así fuimos a un bar-quiosco para pre­gun­tar si vendían pan. No vendían, pero viendo nues­tras caras deses­per­adas, nos dieron del pan que tenían para preparar los bocadil­los en el bar, además sin cobrarnos nada, a parte de la propina que les dimos como agradec­imiento. Ushuaia siem­pre estará en nue­stro corazón y María, esper­amos volver a verte pronto!!!!

¡¡¡Saludos desde Latinoamérica!!!

Ya esta­mos en Argentina y hemos pasado de un frío de per­ros con nieve hasta los tobil­los al calor húmedo veraniego. Pero vamos paso a paso.

Primer des­tino: Lon­dres!
El sábado nos lev­an­ta­mos ya mucho antes de que sonara el des­per­ta­dor con mucha ansiedad, después de haber­nos des­pe­dido de la ciu­dad y los ami­gos, ya teníamos muchas ganas de empezar nue­stro viaje. Pare­ció que Cataluña no quería dejarnos mar­char, cuando lleg­amos al aerop­uerto acom­paña­dos por nue­stro amigo Car­les, encon­tramos la sor­presa: nue­stro avión iba a salir con retraso, lo que luego se con­vir­tió en dos horas. Ningún prob­lema, como habíamos deci­dido que nos tomaríamos este viaje con calma y acep­taríamos lo que viene, no nos importó mucho lo del retraso al con­trario nos dio la opor­tu­nidad de char­lar un buen rato con Car­les. Después de des­pedir Car­les con un gran abrazo, subi­mos al avión hacía Lon­dres y la ver­dad es que no fue el vuelo más agrad­able de nues­tra vida: en algunos momen­tos el avión pare­ció ser una cen­trifuga gra­cias a las turbulencia.

Lon­dres nos ha recibido con un cielo que nos avis­aba clara­mente de que tenía ganas de nevar. Así después de haber cogido (una pal­abra estos días ya esta­mos qui­tando de nue­stro dic­cionario para evi­tar los malen­ten­di­dos:) buses y met­ros, solo empezó a nevar justo cuando lleg­amos a casa de Cristina (una amiga de Rachele cono­cida durante su máster) ¡¡¡¡qué suerte!!!! hemos tenido, porque nevó durante toda la noche y por la mañana ya nos des­per­ta­mos con 15 cm de nieve.

Los medios de trans­porte público no fun­ciona­ban y la may­oría de los vue­los para aquel día fueron can­ce­la­dos. Por suerte el nue­stro salía el lunes, así pasamos el domingo en casa con Nico­las y el pequeño Demetrios, aprovechando el día para coci­nar una car­bonara para almorzar, una lasaña para la cena y jugar con el pequeño Demetrios, un niño super mono que regala son­risas a todo el mundo!!!! No nevó en todo el domingo, pero igual­mente el lunes, miramos fuera por la ven­tana un poco pre­ocu­pa­dos, y averiguamos la página web de British Air­ways; nue­stro vuelo iba salir sin prob­le­mas. Después de des­pedirnos de Cristina, Nico­las y Demetrios, ya fuimos a Heathrow parando a salu­dar Maria (la “abuela” inglesa de Rachele). Llegó el momento de empezar el viaje de ver­dad y con un poco de emo­ción nos des­ped­i­mos de nue­stro querido viejo con­ti­nente……

Propera parada: Buenos Aires

Al cabo de 13 horas y media de viaje que pasó bas­tante más rápido de lo que habíamos esper­ado antes lleg­amos a la cap­i­tal de Argentina. En el vuelo hubo algunos momen­tos gra­ciosos, como por ejem­plo el azafato que nos tomó el pelo gra­cias a la idea de Gábor de ir jun­tos al baño a lavarnos los dientes y el azafato que le dijo a Rachele: “No sex in the toi­let”:) Luego en el vuelo encon­tramos un grupo de estu­di­antes y pro­fes muy majos y cuando les expli­camos que habíamos leído que en Buenos Aires es difí­cil con­seguir mon­edas para el colec­tivo (auto­bús) y les pre­gun­ta­mos si ellos podían darnos con­se­jos sobre cómo con­seguir­las para el auto­bús que íbamos a tomar para ir al cen­tro, ellos nos dijeron que no teníamos que pre­ocu­parnos y nos dieron mon­edas para que pudiése­mos com­prar 2 bil­letes del bus número 8 que va desde el aerop­uerto de Eziza hasta Buenos Aires cen­tro. No es que vamos por el mundo pidi­endo dinero a la gente:), pero su ama­bil­i­dad nos dio una gran ayuda.
Buenos Aires nos recibió con un cielo bas­tante nublado pero tardó muy poco en despe­jarse y salió un sol mag­ní­fico, así que pasamos desde los 0 gra­dos de Lon­dres a los 34 de Buenos Aires que además con la humedad, parecía estar a cuarenta gra­dos.

La única cosa de ver­dad un poco desagrad­able fue que hici­mos una cola de 2 horas para el con­trol de pas­aporte, pero luego al subirnos al bus que tenía pinta de algún bus hún­garo de los años setenta:) ya nos sen­ti­mos muy con­tentos. Al cabo de casi dos horas de viaje que se nos pasó rápido porque estu­vi­mos dis­fru­tando de mirar por la ven­tana primero el paisaje de las afueras y luego las calles del cen­tro con mucha vida; lleg­amos a la ofic­ina Estela, una chica de Buenos Aires que hemos cono­cido a través de Roberto, un amigo ital­iano que vive en Barcelona. No solo ella, sino sus cole­gas nos reci­bieron con mucho car­iño, hasta nos tra­jeron una ban­deja de fruta fresca. Después de haber hablado un poco con Estela, y haber escuchado sus con­se­jos sobre lo que hay que ver en Buenos Aires, sal­imos para des­cubrir nues­tra primera ciu­dad sudamer­i­cana. La ver­dad es que ya sabíamos que por el can­san­cio no era día para hacer mucho tur­ismo, y después de comer unas ham­bur­gue­sas buenísi­mas en un par­que, fuimos a Puerto Madero, encon­tramos un banco en la som­bra para rela­jarnos y allí nos quedamos 2 hori­tas. Estábamos súper cansa­dos del viaje y Rachele encima aún tenía manga larga y hacía mucho calor con mucha humedad. El único sitio que visi­ta­mos fue Plaza de Mayo y la casa Rosad, luego volvi­mos a la ofic­ina de Estela y con ella fuimos a casa. Ya teníamos la apari­en­cia de via­jeros y nue­stro olor era el tes­tigo… En casa de Estela nos duchamos y fuimos a bus­car aire fres­quito en el cen­tro com­er­cial cerca de casa y cen­amos allí, al final de la cena nos cayó encima un chubasco de ver­ano y después de una con­versa agrad­able nue­stro primer día se con­cluyó con un sueño muy pro­fundo. Ahora Ushuaia, ¡“el fin del mundo” nos espera!, pero después de las primeras impre­siones, tam­bién esper­amos nues­tra vuelta a Buenos Aires para cono­cerla mejor.

 

¡¡¡A punto de salir!!!

Ya no nos falta nada para salir, den­tro de dos días ya estare­mos (con per­miso del tiempo) en Lon­dres que será nues­tra primera parada. Lle­va­mos un rato sin escribir nada en el blog y no es porque no teng­amos qué escribir, sino sim­ple­mente estas últi­mas sem­anas se han ido volando. Ante todo durante esta última sem­ana, cada día nos lev­an­tábamos por la mañana ya con un mon­tón de cosas en la cabeza: la preparación del viaje, la mudanza, la fiesta de des­pe­dida, las últi­mas cosas del tra­bajo y cada día nos caíamos en la cama a medi­anoche sin saber cómo se había volado el día tan rápido.

El sábado pasado hici­mos una megafi­esta de des­pe­dida que duró todo el día. Ya a las 11 de la mañana empezó a venir gente a nues­tra casa para ayu­darnos a coci­nar. Des­gra­ci­ada­mente el tiempo no fue muy amable con nosotros ya que todo el día estaba lloviendo y esto nos com­plicó un poco la vida. Por suerte, gra­cias a nue­stros ami­gos cre­ativos, hici­mos un invento para cubrir la parte de la ter­raza en que teníamos la bar­ba­coa y luego comi­mos en el piso. La ver­dad es que la bar­ba­coa fue un éxito total hemos hecho algo como quince kilos de carne a la bar­ba­coa (cos­til­las de cerdo, chur­rasco y buti­farra) y nos pare­ció que nadie se qued­aba con ham­bre:) Al final había 40 y pico per­sonas en la fiesta, por suerte no todos a la vez:), pero en momen­tos pun­tuales había casi 30 per­sonas en nue­stro piso pequeño. Abajo podéis ver una parte de la peña.

Nuestra fiesta de despedida

¡Otra vez gra­cias a todos vosotros por venir y por com­par­tir esta fiesta de des­pe­dida con nosotros! Ya sabéis que os echare­mos mucho de menos durante el viaje, pero a la vez nos emo­ciona saber tener tan­tos ami­gos en Barcelona que siem­pre nos esper­arán cuando volva­mos a pasar por aquí.

La mudanza fue (como creemos que lo es para todo el mundo) una cosa bas­tante ago­b­iante. Además, no creíamos tener tan­tas cosas, pero al final a pesar de haber dejado y regal­ado muchas cosas, el salón seguía lleno de male­tas y cajas. Por suerte, nue­stro amigo Jaume nos ha echado un cable y nos guarda las cosas hasta la vuelta. En la foto podéis ver nue­stro salón con las maletas.

29/01/2012

Creo que el momento más “doloroso” de estas sem­anas fue dejar nue­stro piso a que teníamos muchísimo car­iño. Fue nue­stro primer piso jun­tos en que hemos estado muy felices, nos ha traído muchos recuer­dos por las varias fies­tas y bar­ba­coas que hemos orga­ni­zado y aunque sabe­mos que nos está esperando una fan­tás­tica aven­tura, nos costó parar las lágri­mas después de cer­rar la puerta por última vez.

Antes de hacer la mudanza tam­bién teníamos que preparar la mochila para saber cuán­tas cosas vamos a meter den­tro y qué es lo que se queda aquí. Por el momento ten­emos dos mochi­las grandes que pesan demasi­ado para nue­stro gusto, entonces más cosas se quedarán aquí. Pero bueno, al tema de la mochila le dedi­care­mos una entrada entera den­tro de algunos días.

En el blog tam­bién hemos inclu­ido una mod­i­fi­cación impor­tante. En la barra lat­eral de derecha, hay un apartado donde se puede suscribir, dejando un correo elec­trónico. Si uno se suscribe a la página, le lle­gará un correo con un link en que hay que clicar para con­fir­mar la suscrip­ción. A par­tir de entonces cada vez que escrib­amos un post nuevo, os lle­gará un men­saje de aviso, así os será más fácil seguirnos en nues­tra aventura.

 

Las vacunas

Una parte no muy agrad­able de la preparación para un viaje que incluye bas­tante países exóti­cos es vac­u­narse con­tra algu­nas enfer­medades. Por suerte en Barcelona en el Ser­vi­cio de Aten­ción al Via­jero en el Hos­pi­tal Clínico hay un ser­vi­cio muy com­pleto y pro­fe­sional sobre este tema. Cuando uno va la primera vez, tiene que llenar una hoja con los países que quiere vis­i­tar y allí te infor­man no solo sobre las vac­u­nas que se recomien­dan tener, sino sobre otras pre­cau­ciones que uno tiene que tomar cuando vis­ite estos países. Luego vienen una serie de pin­c­ha­zos durante varias oca­siones (de varias de estas vac­u­nas uno tiene que tener 1 o 2 recorda­to­rios tam­bién). Al final nosotros nos hemos vac­u­nado con­tra las sigu­ientes enfermedades:

- La Fiebre Amar­illa
– Hepati­tis A y B
– La Rabia
– La Ence­fali­tis Japonesa
–La Fiebre Tifoidea
–La Poliomielitis
–Tetanus y la Difteria

Como ya veis es una buena lista de vac­u­nas y por supuesto hay enfer­medades con­tra las cuales no existe un antí­doto como la malaria o el dengue. Estas dos enfer­medades se trans­miten por mos­qui­tos, entonces la mejor forma de defensa es un buen repe­lente y una pro­fi­laxi. Aunque esper­amos que uno no tenga necesi­dad de las vac­u­nas, ni otros medica­men­tos durante el viaje, estas pre­cau­ciones para nosotros son nece­sarias para sen­tirnos más tran­qui­los. En la foto de abajo podéis ver la libreta de vac­u­nas que está bas­tante llena:)