En Laos durante mucho tiempo el medio de transporte principal era el barco ya que hay muchísimos ríos en el país. De hecho las pocas carreteras que hay han sido construidas por los chinos interesados en el comercio con el resto de Asia y aún hoy en día escasean en algunas partes del país.

Nuestro 2013 empezó con un madrugón para tomar un minivan desde Luang Nam Tha hacia Pak Mong. Otra vez un viaje de apenas doscientos y pico kilómetros que duró casi 6 horas gracias a las curvas y al mal estado de la carretera que solo está asfaltada en algunos trozos. En Pak Mong nos tocó cambiar vehículo para un tuk-tuk y llegamos a Nong Khiaw.

Este pueblo está cortado en dos por el río Nam Ou, en un lado del río vive la gente local, mientras en el otro lado están todos los albergues. Después de encontrar un buen hostal que llevaba una familia simpática, por fin comimos y dimos un paseo en el pueblo. El paisaje es espectacular, un río rodeado por montañas impresionantes; se respira mucha tranquilidad, ante todo porque la mayoría de la gente hace aquí solo una noche para luego ir más arriba por el río.

Nosotros también fuimos al puerto y pronto embarcamos en uno de estos estrechitos barquitos locales, que llevan unos pocos asientos más o menos cómodos y tablas de madera. Los que antes llegan, mejor sitio tienen. El viaje de una hora hasta Muang Ngoi fue muy ameno, pasamos al lado de varias aldeas, vimos los niños bañarse en el río o pescar, gente que lavaba la ropa y bueyes que venían a la orilla para beber agua. El paisaje alrededor del rio es muy bonito, está rodeado por montañas y un bosque denso tropical.

Muang Ngoi es un pueblo a que se llega solo por el río, ya que no hay carreteras ni cerca del aldea. A pesar de ser un lugar bastante aislado, los turistas ya lo descubrieron hace tiempo y hay una oferta de alojamiento bastante amplia. Nosotros encontramos un bungalow con muy buenas vistas y por muy buen precio, eso sí, sin agua caliente. En el pueblo solo hay electricidad entre las 18 y 21.30 ya que tiene que usar generadores.

El pueblo es encantador, son cuatro calles y la gente local vive su vida tranquilamente. Hay un pequeño mercado, una escuela, un pequeño monasterio con sus monjes y por supuesto no falta el karaoke siempre infumable. El primer día pasamos relajándonos en nuestra terraza y charlando con Walt, un señor canadiense muy divertido que está jubilado y está viajando por el mundo, nos pidió consejos sobre Sudamérica que será su próximo destino. Cada noche cenamos en el mismo buffet donde se podía comer por 1,5 euros todo lo que tenían (solo vegetariano), estaba buenísimo, no nos aburrimos de comer allí durante las tres noches que pasamos en Muang Ngoi.

Desde el pueblo salen varios senderos para ir a otras aldeas que se encuentran entre las montañas, nosotros también les dedicamos un día. El paisaje que vimos durante el camino fue muy hermoso, arrozales, ríos pequeños, rocas enormes y una vegetación bien densa nos acompañó en todo el camino.

Hemos visitado dos pueblitos que están a una horas de Muang Ngoi: Huey Sen, un pueblo rural, similar a los que ya hemos visto, casas de madera muy simples, animales corriendo por todas partes, niños sonrientes y algunos de la comunidad mirándonos con ojos malos. Tienen que estar un poco hartos de que la gente vaya a verlos, sacando fotos, pero también de alguna forma les beneficia todo eso, ya que mucha gente visita estas aldeas con un guía pagando y de este dinero algo les debe llegar.

Para acceder al otro pueblo, Banna Village primero hay que cruzar un río en el cual habían puesto unas piedras para hacer como una especie de puente, pero como estaban mojadas, decidimos quitarnos los zapatos y cruzar el rio a pie. Para llegar a esta aldea cruzamos una enorme extensión de arrozales.

Como este pueblo está mas cerca de Munag Ngoi y probablemente recibe más gente, muchos locales ni te miran, pero igualmente hemos encontrado a unos niños muy guapos que jugaron un poco con nosotros.

El último día, lo pasamos en plan súper tranqui, trajimos hasta la comida a nuestra terraza para disfrutar de comer allí mirando el paisaje. Nos relajó simplemente estar allí, mirar el río, todo estaba casi perfecto si no hubiese sido por la música que los locales pusieron con un volumen muy alto en varios sitios del pueblo. Por cierto, una anécdota, después de la primera noche cambiamos bungalow porque un gallo parecía estar chillando directamente a nuestras orejas durante la noche, despertándonos varias veces. Al final descubrimos que en nuestra primera habitación había llegado Frank y Esther que conocimos en Muang Sing y los pobres tuvieron que aguantar el gallo todas las noches. La última tarde dimos un paseo por el pueblo y disfrutamos de las playitas en la orilla del rio.

Con otro barco volvimos a Nong Khiaw donde nos quedamos un día y una noche más. Como siempre por la mañana, una parte de las montañas estaba cubierta por nubes bajas que poco a poco se levantaron.

En Nong Khiaw volvimos al mismo hostal de antes y fuimos a ver unas cuevas que se encuentran a unos kilómetros del pueblo. Un paseo muy agradable aunque la cueva no es gran cosa, se ve que la usaron como escondite durante la guerra. La última noche cenamos y tomamos bastante cervezas con Esther y Frank; fue una noche muy divertida con muchas risas, esperamos volver a veros en el futuro! Mañana nos esperan seis horas en el barco hacia Luang Prabang!

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