Uno de los lugares que más esperamos ver fue la isla de Pascua o Rapa Nui como se llama en el idioma de los autóctonos. Esta isla en medio del pacífico se considera como el lugar habitado más aislado del mundo. Un lugar no solo remoto, sino lleno de misterios, leyendas. Gracias a Fernando nuestro amigo en Santiago conseguimos un buen precio en las cabañas de Arturo, un amigo suyo. Arturo nos esperó en el aeropuerto y nos puso en el cuello los collares de flores típicos de la isla para darnos la bienvenida. Arturo es una persona muy amable, así la estancia en su cabaña fue muy agradable. Como en la isla todo es muy caro incluido el supermercado, trajimos comida desde Santiago, durante el día comíamos bocadillos y por la noche cocinábamos en casa.

Empezamos a descubrir la isla y el primer día, lo dedicamos a recorrer los lugares que se encuentran cerca de la única población de la isla, Hanga Roa. Desde el primer día nos encantó el ambiente que se respira en la isla, en la tranquilidad solo las nubes corren rápido. En este primer día se nos cayeron unos chubascos, pero fueron estos de lluvia fina que no te molestan y luego siempre salió el sol muchas veces acompañado por un hermoso arco-iris. Bajamos a la costa para ver el mar que es el elemento más fundamental, omnipresente en la vida de los isleños. Después de visitar una cueva en la costa donde había algunas pinturas rupestres subimos al volcán Rano Kau. La vista del cráter es impresionante, en el fondo del cráter hay pequeños lagos y desde aquí se veía muy bien Hanga Roa.

Rano Kau

Al lado del volcán se encuentra la aldea de Orongo en la cual hay restos de casas antiguas. Por la tarde se nubló bastante, así solo fuimos a dar una vuelta por el pueblo y a mirar los moais que están cerca del pueblo en la costa. Los moais son las estatuas famosas de piedra que levantaron los rapa nuis y son el símbolo de la isla.

Al día siguiente alquilamos un scooter pequeño para los próximos tres días. Es la manera más cómoda para recorrer la isla, en bici es un poco más complicado porque hace mucho viento a veces y el precio de un scooter es básicamente lo mismo que lo de dos bicis. Para Gábor ha sido la primera vez que conducía una moto y le gustó mucho la experiencia.

Empezamos a recorrer la parte sur de la isla parando en varios sitios arqueológicos como Vinapú, Vaihú y Akahanga. En estos lugares ante todo había moais caídos en el suelo y ruinas de los altares. Durante todo el día hacía sol, los colores de la isla eran muy vivos, el verde de la hierba parecía de un color esmerado, había un montón de caballos por todas partes, en fin nos encantó y disfrutamos de esta belleza natural durante todo el día.

Easter Island Coast

Llegamos al volcán de Rano Raraku que es un volcán con mucha importancia, aquí construían los moais y en esta zona podemos ver más estatuas de moais que en cualquier otro lugar de la isla.

Rano Raraku

Desde aquí se veía muy bien la bahía de Tongariki donde se encuentra el lugar tal vez más fotografiado de la isla, los 15 moais que de verdad son impresionantes. Bajamos a Tongariki y pasamos un buen rato sacando fotos y sabíamos que durante los próximos días íbamos a volver algunas veces más para ver desde aquí la salida del sol.

Tongariki

Hablando con los moais

Volvimos a Hanga Roa y fuimos a la zona de Tahai en el costa para ver la puesta del sol detrás de los moais, fue muy bonita, aunque había bastantes nubes.

A las 7 de la mañana ya estábamos en la moto para salir a ver el amanecer. La verdad es que aunque había nubes, fue un espectáculo de luces y colores, nos encantó y sabíamos que íbamos a volver al día siguiente. Después de la salida, fuimos a recorrer la parte norte de la isla, aquí primero paramos en un lugar que se llamaba Papa Vaka, donde hay diferentes petróglifos. Luego hicimos varias paradas en la costa para ver otros altares con moais caídos. Llegamos a otro lugar espectacular a la isla, la playa Anakena, la única playa de la isla que es apta para bañarse. La verdad es que es una playa fantástica, de arena blanca, palmeras y un grupo de moais que dan personalidad a la playa. El agua estaba bien fría así solo nos mojamos los pies.

Playa de Anakena

Por la tarde dimos un paseo por la costa que se encuentra al norte de Hanga Roa y por la noche fuimos a ver la puesta de sol otra vez, esta vez había mucho menos nubes y vimos el sol caerse en el mar detrás de los moais, una maravilla de verdad.

Puesta de sol a Tahai en la isla de pascua

Otra vez sonó el despertador a las 6 y a las 7, aún en la oscuridad total ya estábamos en la moto para ir a ver la salida del sol a Tongariki. Los 15 moais estaban allí esperándonos y a sus alrededores había un cielo con muy pocas nubes, parecía casi un regalo. Los moais empezaron a iluminarse con mil luces distintas y el cielo se puso de mil colores, naranja, salmón, rosa, rosa más intenso, fue una explosión de colores y luego se levantó un sol fuerte y decidido a combatir las pocas nubes que quedaban. Era difícil superar el espectáculo del día anterior pero el segundo amanecer fue perfecto con colores intensos, aún más guapo que el día anterior!

amanecer en apu tongariki isla de pascua

Luego, volvimos a la parte norte de la isla para ver la piedra que se llama el ombligo del mundo ya que olvidamos visitarla al día anterior. Es una piedra donde se dice que a causa de sus propriedades magnéticas las brújulas se vuelven locas.

Ombligo del Mundo

Por último recorrimos la parte oriental de la isla que aún no habíamos visitado. Fuimos a Puna Pua por unas carreteras de tierra bastante malas para ver el lugar donde construyeron los gorros de los moais. Después fuimos a Ahu Tepeu donde se encuentran los únicos moais que están mirando hacía el mar, los otros siempre le dan la espalda.

Ahu Tepeu isla de pascua

Acabamos la visita con unos altares y cuevas que se encuentran en la costa. Justo a tiempo, porque el tiempo empezó a ponerse feo y por la noche se puso a llover a cántaros. El último día que pasamos en la isla llovió todo el tiempo, así que lo pasamos en casa preparando nuestro viaje por Nueva Zelanda.

Por la noche hubo una tormenta tremenda, pensábamos que el viento se llevara las cabañas y por la mañana cuando nos tocaba levantar para ir al aeropuerto no sabíamos si el vuelo iba a salir o no. Arturo fue al aeropuerto para preguntar y por suerte no había problema, así pudimos salir con un poco de retraso. Lo pasamos bomba en la isla, la verdad es que no solo es un lugar hermosísimo sino nos relajó muchísimo su ambiente después de una época que nos movimos mucho, nos vino genial! Ahora nos quedan 5 días más en Santiago que serán nuestros últimos días en Sudamérica antes de volar a Nueva Zelanda…

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