Una de las actividades que hicimos fue coger un kayak. Llevábamos tiempo queriendo probarlo y decidimos hacerlo. Salimos con el kayak desde nuestro hostal hacia la Romantic Beach. Al principio no había mucha coordinación entre nosotros, pobre Rachele hasta se cogió dos veces el remo en la cabeza. Después de un poco de practica empezamos a remar bien aunque contra corriente. Un poco por la corriente en contra y un poco por nuestra coordinación todavía no perfecta llegamos bastante cansados a la Romantic Beach y aprovechamos para descansar un rato.

Cuando la Romantic Beach dejaba de ser “romántica” por la gente que llegaba, y nosotros habíamos descansado lo suficiente, decidimos seguir hasta la Quiet Beach; una bahía que por el nombre parece quieta y la playa de verdad lo es. Al principio pensábamos ir a comer a la D’Lagoon donde hay un resort con restaurante, la cosa es que no calculamos con la corriente en contra y con lo agotador que es remar en estas condiciones. Tardamos unos 45 minutos en llegar a la Quiet Beach haciendo mucho esfuerzo.

Rachele llegó muerta de cansancio, tenía mucha hambre y sed. Gábor también estaba cansado pero no tan agotado y, como no había otra opción para conseguir comida, se fue de trekking al otro lado de la isla a través del bosque. El trekking en principio no estaba entre nuestros planes, y Gábor tuvo que hacer toda la caminata en chanclas (que se les rompieron), un verdadero coñazo!! Mientras tanto Rachele tomaba el sol. Habrá sido el cansancio, el día que se estaba nublando o no sabemos qué, la cosa es que Rachele se sentía como en una peli de supervivientes en una isla desierta; ya estaba pensando cómo llegar encima de una palmera para coger un coco, romperlo y beber el agua . El sueño duró poco porque Gábor en menos de dos horas ya estaba de vuelta con comida y bebidas!!

Lo que no se quedó quieto aquel día fue el mar, por la tarde las olas se han puesto suficientemente altas como para no darnos la confianza de volver con el kayak; vale que nos falta experiencia con el kayak, pero el mar en sí estaba bien gordo. Como dos Robinson Crusoe esperamos para que viniera un barco a rescatarnos. Por suerte alrededor de la isla siempre pasan barquitos taxi (aunque en esta parte mucho menos que en otras partes de la isla), al cabo de una hora de espera por fin pasó uno conducido por un nene de 16 años, le llamamos como habría hecho Robinson, contratamos el precio y felices y relajados volvimos en el barco taxi con el kayak atado detrás.

El chiquillo que se pasa todos los días con el barquito arriba y abajo de la isla nos dijo que el mar se había puesto muy gordo y tenía que ir despacito con el barco tanto por el kayak cuanto por las olas que había. Para que sepáis que no nos lo hemos inventado; lo del mar gordo!!!!

En fin, el día de kayak nos enseñó que siempre hay que salir bien preparado, tener un plan B, especialmente si el plan incluye el mar donde las condiciones pueden cambiar de repente. Ha sido una experiencia este día y una buena lección!

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