En nuestro camino hacia el sur, paramos en Vang Vieng que como ciudad no es nada que no se pueda perder, está llena de bares y restaurantes que ponen la serie de Friends todo el día y el tipo de guiris que domina aquí no es que nos mole mucho. La actividad estrella del sitio era el tubing que significa bajar por el río en una rueda grande, pero gracias a tantos muertos de los últimos años, ante todo australianos borrachos, básicamente prohibieron la actividad y hay mucho menos gente que en los años anteriores. Lo que merece la pena son los alrededores que se ven bonitos. Nosotros fuimos a Vang Vieng con la intención de alquilar una moto y salir a explorar la naturaleza, pero Rachele se encontró mal y pasamos los dos días en la habitación. Como el visado se caduca dentro de nada optamos para ir a Vientiane, aunque sea bonito el paisaje, no nos apeteció pasar otra noche en esta ciudad.

Vientiane es la capital de Laos, una ciudad muy grande que tiene de todo, supermercados grandes, centros comerciales (cosas que aún no habíamos visto en Laos); pasamos dos días y medio en esta capital. En Laos, aún en la capital se respira una tranquilidad, como si todo se moviera lento y la verdad es que nos pareció una ciudad muy agradable.

La tarde en la cual llegamos, conocimos a David un chico húngaro muy majo que vive en Bangkok. Con él pasamos la tarde hablando, tomando cervezas, paseando por el mercado nocturno, comiendo pollo a la brasa con arroz glutinoso en un puesto en la calle y luego charlando en la terraza del hostal. Fue una tarde muy placentera.

Al día siguiente primero fuimos a la embajada de Camboya para sacar el visado y luego nos pusimos a explorar la ciudad. Pasamos por el monumento nacional Pra That Luang, donde por cierto llegamos cuando estaba cerrado por la comida y fuimos a comer un plato de carne y arroz muy bueno en un pequeño restaurante donde había una señora muy simpática que hablaba bastante bien en inglés.

Monumento Nacional Vientiane en Laos

Paramos a ver el Patuxai, el arco de triunfo laosiano, el centro comercial Talat Sao y unos templos. Aquí después de bastante tiempo hemos vuelto a encontrar un calor verdadero, todo el día mientras pateábamos, estuvimos buscando la sombra. Por la noche después de caminar tanto que nos dolían las piernas, nos regalamos un buen masaje y cenamos unas costillas de cerdo a la brasa en la calle, buenísmo!

El segundo día, lo dedicamos al Buddha Park que es un parque a unos 25 km de Vientiane, donde hay un montón de esculpturas de Budas y otras figuras religiosas. Lo que destaca es una estatua enorme de un Buda tumbado y otra estatua de forma de globo a cuyo techo se puede subir. Aquí conocimos a José Luis y Belén, dos chicos españoles que están dando la vuelta al mundo y nos dieron muy buenos consejos ante todo sobre el sur de Tailandia.

En Vientiane se respira un aire laosiano moderno y nos gustó mucho esta mezcla!!

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