Escrito por Rachele Cervaro
Fez está repleta de casas tradicionales maravillosas donde alojarse, muchas de ellas auténticas joyas arquitectónicas escondidas tras discretas puertas en medio del laberinto de la medina. Si estás buscando un lugar especial donde pasar la noche, nosotros te recomendamos con los ojos cerrados el Dar Seffarine. Es un alojamiento que ya hemos visitado dos veces y en ambas ocasiones nos ha dejado con ganas de volver. De hecho, no tenemos ninguna duda de que en nuestro próximo viaje a Fez repetiremos estancia aquí.
El Dar Seffarine no es solo un lugar bonito donde dormir, es una experiencia completa. Desde el primer momento se respira una mezcla perfecta entre historia, hospitalidad y autenticidad. El edificio en sí es una antigua casa del siglo XIV restaurada con mucho cariño por sus propietarios, que han sabido conservar su carácter original sin renunciar a las comodidades actuales. Techos altísimos decorados con madera tallada, suelos con mosaicos tradicionales, arcos de estuco, una terraza impresionante… todo está cuidado con un gusto exquisito.
Además, más allá de lo visual, lo que hace especial este lugar es el ambiente. Aquí uno se siente como en casa, pero en una casa llena de historia y encanto. Compartir una cena con otros viajeros en la terraza mientras el sol se pone sobre los tejados de la medina fue uno de los momentos más bonitos del viaje. Y hablando de cenas: no exageramos si decimos que la mejor cena que tuvimos en Marruecos fue en Dar Seffarine. Cocina casera, sabrosa, y preparada con mucho mimo, en un entorno íntimo y relajado.
Por ubicación, está dentro de la medina, pero en una zona tranquila y muy cercana a algunos de los principales monumentos de la ciudad, por lo que es ideal tanto para moverse a pie como para volver a descansar tras un día intenso explorando Fez. Aquí te contamos nuestra experiencia.
Cómo es el Dar Seffarine
Entramos en la medina de Fez por la puerta de la plaza Rcif, uno de los accesos más céntricos y animados. Nada más cruzarla, nos sumergimos en el ir y venir de la vida diaria: callejuelas angostas con un incesante movimiento de locales, turistas, grupos guiados y tiendas de todo tipo. A cada paso, un puesto de dulces, una herrería tradicional, una panadería escondida, o un burro cargado con mercancía que nos obligaba a pegarnos a la pared. Este caos tan característico de las medinas marroquíes nos acompañó durante unos minutos hasta que cruzamos un pequeño puente, pasamos frente a la plaza Seffarine —donde resuenan los martillos de los caldereros dando forma al metal—, seguimos por un par de callejones y entonces, tras atravesar una puerta discreta… todo cambió. De repente, silencio. Paz. Y un enorme “wow” que nos salió de forma espontánea. Habíamos llegado al Dar Seffarine.
Una vez dentro, nos miramos con una mezcla de sorpresa y emoción. ¿Cómo, con la cantidad de alojamientos que hay en Fez —entre hoteles, dars y riads— habíamos conseguido dar con este lugar tan especial? La respuesta es sencilla: un poco de suerte, que solemos tener en los viajes, y un poco de intuición (y buena investigación previa, claro). Como siempre, no queríamos simplemente un sitio donde dormir, sino un lugar con carácter, que tuviera algo único, que nos ofreciera una experiencia diferente. Nos gusta pensar en estos alojamientos como hoteles boutique, aunque en este caso el término que mejor encaja sería Dar Boutique, una casa tradicional con alma y mucha historia.
El Dar Seffarine tiene eso que resulta difícil de describir con palabras pero que se siente nada más entrar: autenticidad, belleza, y una atmósfera que te envuelve. Sus propietarios han logrado conservar el encanto original del edificio —una antigua casa del siglo XIV— restaurándolo con mimo y respetando todos sus elementos tradicionales. Nos impresionaron los altos techos de madera tallada, las columnas con detalles de estuco, los suelos de azulejos geométricos, y la luz que se cuela por los patios creando un ambiente mágico. Todo tenía ese equilibrio perfecto entre elegancia, sencillez y calidez.
Y lo mejor es que, a pesar de estar en pleno corazón de la medina, el dar es un auténtico refugio de calma. Un contraste absoluto con el bullicio de las calles exteriores, que parecía esfumarse nada más cerrar la puerta. Es ese tipo de lugar al que uno llega después de un día de caminatas y se siente automáticamente en casa.
El Dar Seffarine se encuentra en una posición inmejorable, justo en el corazón de la medina de Fez, a pocos pasos de la plaza Seffarine y muy cerca de muchos de los lugares imprescindibles que ver en la ciudad. Desde aquí es muy fácil orientarse y moverse a pie por las principales zonas de interés, algo que en una medina tan grande y laberíntica como la de Fez es todo un plus.
Lo que hace tan especial a este dar no es solo su ubicación, sino también su estilo, su historia y el mimo con el que ha sido restaurado. Cada rincón del edificio transmite autenticidad y buen gusto. El edificio tiene más de 600 años de historia y es una joya de la arquitectura morisca. Fue Alaa, el actual dueño y arquitecto de profesión, quien llevó a cabo su restauración con una sensibilidad admirable. Se nota que sabe lo que hace, no solo por haber encontrado esta casa tan singular, sino por cómo ha sabido devolverle la vida sin alterar su esencia.
Originalmente, el Dar Seffarine era una casa familiar tradicional. El corazón del edificio es un gran patio central de planta cuadrada, como mandaba la arquitectura de la época. Alrededor de ese patio, los diferentes espacios se distribuían en perfecta simetría. Los cuartos estaban diseñados “a espejo”: frente a un salón había otro idéntico en el lado opuesto del patio, y lo mismo con las habitaciones. En un principio, solo la planta superior se destinaba a los dormitorios, pero con el tiempo, al ir creciendo la familia —ya que los hijos, una vez casados, seguían viviendo con los padres—, también dos habitaciones de la planta baja se transformaron en espacios para dormir.
La restauración completa llevó a Alaa casi tres años de trabajo, y el resultado es espectacular. El edificio no solo ha recuperado su esplendor original, sino que probablemente esté hoy incluso más cuidado que en sus mejores tiempos. Es un ejemplo magnífico de arquitectura tradicional restaurada con respeto y buen gusto. Tanto es así que el Dar Seffarine no solo se ha convertido en uno de los alojamientos con más encanto de Fez, sino que también es considerado parte del patrimonio arquitectónico de la ciudad.
Dormir aquí no es simplemente pasar la noche en un sitio bonito: es alojarse en una casa con historia, en un espacio auténtico donde cada detalle tiene un sentido y donde uno se siente acogido de verdad.
El patio
El patio central, que antiguamente estaba completamente abierto como en muchas casas tradicionales marroquíes, hoy en día está cubierto con un techo de cristal. Esta solución permite que entre abundante luz natural durante el día, pero al mismo tiempo protege las paredes y las decoraciones del edificio de la lluvia y del sol intenso, algo fundamental para conservar bien un edificio con tanta historia.
Aun con este cambio, el espacio no ha perdido nada de su magia. Al contrario, la sensación de amplitud se mantiene y la atmósfera sigue siendo igual de impresionante. Las enormes puertas de cedro pintado, de casi cuatro metros de altura, y las columnas que rodean el patio decoradas con delicadas yeserías talladas a mano hacen que uno se sienta pequeño frente a tanta belleza. No es exagerado decir que por momentos te parece estar en una medersa, esas escuelas coránicas tan refinadas que son parte del legado monumental de Fez.
Pocos alojamientos ofrecen la posibilidad de dormir en un edificio con este nivel de detalle artístico y esta historia. Cada vez que entrábamos al patio, no podíamos evitar detenernos unos segundos a mirar hacia arriba y dejarnos sorprender otra vez por ese equilibrio tan especial entre arquitectura, luz y armonía.
El salón
Siguiendo la estructura original de la casa, en la planta baja del Dar Seffarine se conservan dos salones enfrentados, como mandaba la distribución tradicional. Uno de ellos es más sencillo, aunque igualmente cuidado, con unos sillones cómodos donde puedes sentarte a descansar o conectarte al wifi si lo necesitas. Es un espacio práctico y tranquilo, perfecto para una pausa rápida o para revisar algo desde el móvil o el portátil.
El otro salón es más amplio y tiene un aire mucho más especial. Nada más entrar, llaman la atención las lámparas marroquíes que cuelgan del techo y que, cuando cae la tarde, llenan las paredes de diseños de luz que parecen salidos de un cuento. Es de esos espacios que te invitan a quedarte un buen rato, a bajar el ritmo, leer un libro o simplemente contemplar los detalles de la decoración que mezcla historia, artesanía y elegancia.
Son estancias que no están puestas solo para decorar, sino que realmente forman parte de la experiencia de alojarse aquí. Se nota que cada rincón ha sido pensado con cariño para que el huésped se sienta cómodo y a gusto.
La cocina
A lo mejor te estarás preguntando: “¿Y ahora me hablan de la cocina?” Pues sí, porque en el Dar Seffarine la cocina también forma parte de la experiencia. No es un espacio escondido solo para el personal, sino un lugar accesible y abierto, donde puedes ver cómo preparan el desayuno o cómo cocinan durante el día.
Todo se hace a la vista, con mucha tranquilidad y transparencia. Y lo mejor es que incluso este rincón tiene su encanto: los muebles de madera, la nevera antigua, los pequeños detalles… Todo parece sacado de otra época, pero sigue funcionando con una naturalidad que nos hizo sentir como en casa desde el primer momento.
El pasaje secreto
Primero la cocina, y ahora ¿un pasaje secreto? No lo estamos inventando, existen de verdad, y lo curioso es que no es solo uno, sino dos. Están situados a cada lado de la planta intermedia, entre la planta baja y la planta superior. Si nadie te lo dice, lo más probable es que ni los veas al subir, porque están muy bien camuflados.
Se trata de dos pequeños pasajes que conducen a unas terrazas ocultas con vistas al patio principal. Estas terrazas tenían una función muy concreta: permitían a las mujeres observar discretamente lo que ocurría en el patio y ver quién entraba o salía de la casa. En aquella época, los hombres no podían ver a las mujeres, pero ellas sí podían observar desde allí sin ser vistas. Un detalle más que nos habla de la historia y la vida cotidiana en estas casas tradicionales.
La terraza
No podía faltar la terraza, con una vista espectacular sobre la medina de Fez, que personalmente disfrutamos tanto de día como de noche. Es uno de esos rincones que cuesta dejar: por la mañana es ideal para empezar el día con calma, y por la tarde se convierte en el lugar perfecto para ver cómo el sol se esconde entre los tejados y las luces de la ciudad empiezan a encenderse. La vista es preciosa y el ambiente, tranquilo y acogedor. Sentarse aquí a relajarse después de un día recorriendo la medina fue uno de nuestros momentos favoritos durante la estancia.
La habitaciones
En total, el Dar Seffarine cuenta con seis habitaciones: cuatro en la planta superior y dos en la inferior. Tuvimos la suerte de ver varias de ellas, y todas nos parecieron realmente especiales. Lo que más llama la atención son los suelos originales, los techos de madera de cedro y las grandes puertas y ventanas decoradas que se abren al patio interior, todas conservadas de forma impecable. Los muebles, muy sobrios y elegantes, están elegidos con gusto para no restar protagonismo a la arquitectura.
Nuestra habitación era espectacular. Las grandes ventanas que daban al patio le aportaban una luz preciosa y una atmósfera única. Tenía ese aire especial que te hace sentir como si estuvieras durmiendo dentro de uno de esos edificios que normalmente se visitan durante un recorrido turístico. Fue una experiencia que recordaremos durante mucho tiempo.
Desayuno y cena
Una de las cosas que más nos sorprendió y nos encantó en el Dar Seffarine fue la forma en que se organizan las comidas, tanto el desayuno como la cena. En este lugar no se come en mesas separadas ni en horarios diferentes, sino que todos los huéspedes comparten una misma mesa grande. Esto crea un ambiente muy especial, casi como estar en familia. Al final, cuando compartes esas horas alrededor de la mesa con los otros viajeros que ocupan las seis habitaciones del riad, te das cuenta de que se generan conexiones genuinas y se intercambian muchas historias de viaje y de vida. Es una experiencia que no esperábamos, pero que terminó siendo uno de los recuerdos más bonitos de nuestra estancia.
Durante las comidas, el ambiente es relajado y acogedor, y se crea un espacio para charlar y conocer diferentes perspectivas y culturas, lo que añade un valor extra a la visita. Esta forma de compartir resulta ser una idea perfecta para quienes disfrutan de ese intercambio humano que tanto enriquece cualquier viaje.
En cuanto al desayuno, sin duda es uno de los mejores que hemos probado en Marruecos. La mesa se llena de fruta fresca, yogures naturales, zumos recién exprimidos, panes variados y muchas otras opciones de una calidad espectacular. Todo está cuidado para que empieces el día con energía y disfrutando del sabor auténtico de los productos locales.
Si el desayuno es espectacular, la cena lo supera con creces. Al principio, cuando escuchamos a otros huéspedes decir que habían disfrutado aquí la mejor cena de Marruecos, pensamos que quizá exageraban, ya que cuando estás contento todo parece mejor. Pero después de probarla, podemos confirmar que tenían toda la razón. Solo te contamos que Gábor aún sueña con la cena del Dar Seffarine.
Los platos combinan sabores típicos marroquíes con una calidad excepcional, algo difícil de explicar con palabras. Cada bocado es una experiencia que demuestra el cuidado y la dedicación puestos en la cocina.
Si vas a Fez y por alguna razón no puedes alojarte en el Dar Seffarine, te recomendamos que al menos llames para reservar una plaza en la cena. Sin duda será la mejor cena que tendrás en todo Marruecos.
Servicio
Qué decir del servicio; Ali, Kate y todo el personal son muy amables, siempre dispuestos a ayudar y hacen que te sientas como en casa. Tienen una frase que nos gustó mucho: “you shine de house”, que significa que los huéspedes hacen brillar la casa. Pero, sinceramente, la casa brilla por sí sola.
Si vas a Fez, no puedes dejar pasar la oportunidad de alojarte en el Dar Seffarine, un lugar donde la paz, la tranquilidad y la belleza son las protagonistas.
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