Llega un momento, normalmente hacia el tercer o cuarto día, en que Roma empieza a pesar: las colas, el tráfico, los adoquines que se notan en los tobillos. Ahí es cuando más apetece coger un tren o un autobús y pasar el día fuera de la ciudad. Y alrededor de Roma hay dónde elegir.
Hay escapadas que casi no te sacan de la ciudad, como Tívoli y sus villas o las ruinas de Ostia Antica, a un rato en tren. Otras piden madrugar y echarle horas de trayecto, como Pompeya, Florencia o Pisa, pero se pueden hacer perfectamente en el día si te organizas bien.
Aquí hemos reunido 12 excursiones desde Roma para hacer en una jornada. En la mayoría te proponemos una excursión organizada con guía en español y salida desde Roma, para que no tengas que pelearte con horarios ni traslados. En las pocas que no tienen tour (Castel Gandolfo, el Lago Bracciano y Montecassino), te contamos cómo llegar por tu cuenta.
💡 Consejo útil
Si ya tienes claro que quieres salir de Roma, estas son las cinco excursiones organizadas que mejor funcionan para una jornada completa. Más abajo tienes las doce, con lo que se ve en cada una y cuáles van más justas de tiempo:
🌋 Excursión a Nápoles y Pompeya en tren
🏞️ Excursión a Tívoli: Villa Adriana y Villa d’Este
🌊 Excursión a la Costa Amalfitana en tren y barco
🏝️ Excursión a la isla de Capri
⚜️ Excursión a Florencia y Pisa
🚆 Las 12 mejores excursiones de un día desde Roma
1. 🌋 Nápoles y Pompeya
Lo ideal sería dedicarle a Nápoles un viaje entero, porque da para mucho. Pero si solo tienes un hueco libre en tu estancia en Roma, la excursión que combina Nápoles y Pompeya te permite ver en un solo día dos de los grandes nombres del sur de Italia, aunque con el tiempo justo en cada parada.
Nápoles es ruidosa, desordenada y muy viva, con el Vesubio siempre al fondo y el mar Tirreno delante. Su centro histórico, Patrimonio de la Humanidad, es un laberinto de calles estrechas e iglesias barrocas donde la vida del barrio sigue a lo suyo entre turistas. Y es una de las grandes ciudades de la pizza, así que no te vayas sin probarla en alguna de sus pizzerías de toda la vida.
Pompeya es distinta. La ceniza de la erupción del año 79 d.C. sepultó la ciudad y, sin quererlo, la dejó congelada: hoy paseas por sus calles, entras en casas con frescos que todavía conservan el color, y ves termas, templos, teatros y tabernas del siglo I casi como las dejaron sus vecinos.
El recinto es enorme y está casi todo al sol, así que lleva calzado cómodo, agua y protección solar.
La forma más cómoda de hacerlo es esta excursión a Nápoles y Pompeya en tren desde Roma: dura unas 12 horas e incluye los billetes de tren, la entrada a Pompeya y un guía que habla español, con visita guiada también por Nápoles.
¿Y si vas con niños? Pompeya es enorme, casi no tiene sombra y se camina muchísimo. Con críos de 8-10 años dudaríamos: si buscas algo más pequeño y manejable, Ostia Antica es mejor opción.
2. 🏞️ Villa d’Este
Imagínate una fuente que toca música. Eso es exactamente lo que hace la Fuente del Órgano de la Villa d’Este: un sistema de tubos que usa la fuerza del agua para sonar como un órgano de verdad. Y es solo una de las muchas sorpresas que esconde este jardín.
La villa está en Tívoli, a unos 30 kilómetros al este de Roma, y es de lo mejor que dejó el Renacimiento italiano. Se la encargó en el siglo XVI el cardenal Ippolito II d’Este, y aunque el palacio tiene su interés, lo que la ha hecho famosa son los jardines: fuentes, grutas, esculturas y senderos en terrazas por los que da gusto perderse.

El agua está en todas partes: se habla de más de 500 fuentes y surtidores, pensados desde el principio para dejar con la boca abierta a los invitados del cardenal. Además del órgano, fíjate en la Fuente de los Dragones, la Fuente de Neptuno y, sobre todo, la Avenida de las Cien Fuentes, un paseo larguísimo con chorros a un lado.
Dentro del palacio merece la pena levantar la vista: techos y paredes están cubiertos de frescos con escenas mitológicas y alegóricas.
Un detalle antes de ir: las fuentes pueden dejar de funcionar por obras de mantenimiento o por el mal tiempo, y algún corte se ha anunciado con pocos días de antelación. Mira los avisos en villae.cultura.gov.it justo antes de ir, y de nuevo el mismo día si puedes, para no llevarte el chasco. La del Órgano suena cada dos horas a partir de las 10:30, según la carta de servicios del parque, así que conviene organizar la visita en torno a uno de esos pases.
Villa d’Este y Villa Adriana están muy cerca la una de la otra, así que lo lógico es verlas juntas. Nosotros te recomendamos esta excursión a Tívoli en español, que incluye las entradas a las dos villas, el transporte en autobús y guía en español, en unas 5 horas.
3. 🏛️ Villa Adriana
¿Qué hace un emperador que ha recorrido medio Imperio y vuelve a casa con la cabeza llena de lo que ha visto? En el caso de Adriano, construirse una residencia que lo reuniera todo. La Villa Adriana, también en Tívoli y a poca distancia de Villa d’Este, era su lugar de retiro, y en ella se nota la huella de cada rincón del Imperio que le había impresionado.
Lo que queda hoy se recorre a pie por caminos tranquilos, entre restos de palacios, templos, termas, bibliotecas y teatros. Hay detalles muy curiosos, como el hipocausto, la calefacción bajo el suelo que usaban los romanos para caldear los edificios.
Si vas con poco tiempo, que no se te escapen dos rincones. El primero es el Canopo, una piscina alargada rodeada de columnas y estatuas que quería recordar a un canal del Nilo. El segundo, el Teatro Marítimo: una islita artificial rodeada por un canal que, según se cree, era el refugio privado del emperador.
Un aviso práctico: el recinto es muy grande y apenas hay sombra, así que no olvides agua y calzado cómodo. Se puede visitar por libre o con guía; si te gusta la historia romana, con guía se disfruta bastante más.
¿Estás preparando tu viaje a Roma? Además de estas excursiones, aquí tienes nuestras guías de la ciudad:
Qué ver en Roma en un día – ruta exprés por la Ciudad Eterna
Qué ver en Roma en 2 días – itinerario ideal para un fin de semana
Qué hacer en Roma en 3 días – un itinerario muy completo
Qué ver en Roma en 4 días – la mejor ruta por la ciudad y sus alrededores
Qué visitar en Roma – guía completa con 50 propuestas
4. 🏺 Ostia Antica
Ve directo al Thermopolium de la calle de Diana. Es un antiguo bar romano del siglo III que todavía conserva su mostrador de mármol y restos de los frescos que anunciaban lo que se servía. Pocas cosas te acercan tanto a la vida de a pie de hace dos mil años.
Ostia Antica, a unos 30 km al suroeste de Roma, fue un gran puerto comercial de la Antigua Roma. En su mejor momento, según algunas estimaciones, llegó a tener unos 50.000 habitantes, hasta que fue perdiendo actividad y se fue vaciando poco a poco. Hoy no tiene la fama de Pompeya o Herculano, y precisamente por eso se visita con mucha más tranquilidad.
Lo que más impresiona es lo bien que se entiende cómo estaba organizada una ciudad romana: calles, termas, casas, tiendas y templos siguen ahí, en su sitio. La columna vertebral del recorrido es el Decumanus Maximus, la avenida principal que iba de la Porta Romana, del lado de Roma, a la Porta Marina, del lado del mar. Por el camino vas encontrando:
- El Teatro, con sitio para unos 4.000 espectadores y en el que todavía se programan funciones.
- El Capitolium, el templo de Júpiter, Juno y Minerva, con su gran escalinata.
- El Foro, donde se cocía la vida política y social.
- La Necrópolis, con tumbas y mosaicos funerarios.
- El Templo de Hércules y el Templo Redondo, que dan idea de la variedad de cultos que convivían aquí.
- La Plaza de la Victoria, rodeada de pórticos.
Aparte del Thermopolium, busca los baños públicos, con mosaicos en muy buen estado, y alguna de las domus con patio interior.
Eso sí, los carteles dentro del recinto son escasos, y sin explicaciones muchas ruinas se quedan en piedras. Por eso te aconsejamos ir con guía o, como mínimo, con audioguía. El parque cierra los lunes y la última entrada es una hora antes del cierre. Si prefieres no complicarte, puedes reservar esta excursión a Ostia Antica desde Roma.
5. 🙏 Asís
Al norte de Roma está la Umbría, una región mucho más tranquila que la capital. Allí, en lo alto de una colina, está Asís, la ciudad de San Francisco, a la que llegan tanto peregrinos como gente que viene por el arte y la historia.
El motivo principal de la visita es la Basílica de San Francisco, que en realidad son dos iglesias superpuestas. Dentro están los frescos de Giotto, Cimabue y otros grandes pintores del Trecento.
Con lo que te quede de tiempo, pásate por:
- La Iglesia de Santa Clara, donde se guardan reliquias de la santa.
- El Templo de Minerva, un templo romano que acabó convertido en iglesia.
- La Piazza del Comune y el Palacio del Pueblo, el centro de la vida cívica de la ciudad.
Y si todavía te quedan piernas, sube andando hasta la Rocca Maggiore, una fortaleza medieval desde la que se ve todo el valle de Umbría.
Llegar por tu cuenta en el día es posible, pero entre trayectos y aparcamiento se va media jornada. Una alternativa cómoda es esta excursión guiada a Asís con almuerzo desde Roma: unas 12 horas con guía en español, que te lleva a lo esencial de la ciudad.
6. 🌊 Excursión a la Costa Amalfitana desde Roma
Acantilados que caen a pico sobre el mar, casas de colores colgadas de la roca y el Tirreno de fondo: la Costa Amalfitana es de esos paisajes que parecen de postal. Queda lejos de Roma, y hacerla en el día es una paliza, pero con una excursión organizada se puede.
El día empieza en tren hasta Salerno, un trayecto cómodo en el que ya vas viendo cambiar el paisaje. En Salerno te subes a un barco que recorre la costa por Positano y Amalfi, y desde el agua se entiende de verdad cómo se agarran los pueblos a los acantilados.
Te acompaña un acompañante que habla español durante la jornada, que de salida a vuelta supera las 12 horas. El precio incluye los billetes de tren y el paseo en barco, pero no las comidas ni las bebidas.
Si tienes claro que quieres ver la Costa Amalfitana y solo tienes un día, es la forma más sencilla de hacerlo. Puedes reservar esta excursión a la Costa Amalfitana desde Roma.
7. 🏡 Villas pontificias de Castel Gandolfo
Durante casi cuatro siglos, cuando llegaba el calor, los papas se iban a Castel Gandolfo. Lo hicieron desde Urbano VIII, en el siglo XVII, hasta Benedicto XVI. En 2016, el papa Francisco decidió abrir al público el Palacio Apostólico y convertirlo en museo.
Ojo si viajas en verano: el papa León XIV ha retomado la costumbre de veranear aquí y en julio de 2026 residió en el Palacio Apostólico, así que el museo puede cerrar durante esas fechas o en torno al puente del 15 de agosto. Comprueba el calendario de aperturas antes de ir.
El pueblo está a unos 25 kilómetros al sureste de Roma, en plenos Castelli Romani, asomado al Lago Albano desde lo alto de un promontorio. Dentro del palacio se recorren la sala del trono, la galería de Benedicto XIV, con una buena colección de arte religioso, y una sala con antiguos vehículos papales.
No te vayas sin ver los Jardines Barberini, dentro de la Villa Pontificia: un jardín enorme con fuentes renacentistas, esculturas y restos arqueológicos que se relacionan con la antigua Alba Longa, la ciudad que, según la leyenda, precedió a Roma.
Después, tómatelo con calma en el centro histórico: calles empedradas, alguna trattoria con vistas al lago y la iglesia de San Tommaso da Villanova, obra de Bernini. En tren desde Roma llegas en menos de una hora, y puedes aprovechar para ver algún otro pueblo de los Castelli Romani.
8. 🚣 Lago Bracciano
Si lo que te pide el cuerpo es naturaleza y un día sin monumentos, el Lago Bracciano es buena opción. Es un lago de origen volcánico, de los más grandes de la región, a unos 30 kilómetros al noroeste de Roma.
Forma parte del Parque Natural Regional de Bracciano y Martignano, y en verano puedes bañarte, alquilar una canoa o una barca eléctrica, o tumbarte en alguna de sus playas de arena oscura.
Alrededor del lago hay tres pueblos, y cada uno tiene su propio carácter:
- Bracciano tiene el Castillo Orsini-Odescalchi, una fortaleza del siglo XV muy bien conservada, con las mejores vistas del lago desde sus murallas. Dentro hay armas, muebles antiguos y salas con frescos, y es famoso también por las bodas de celebridades: aquí se casó Tom Cruise.
- Anguillara Sabazia, en la orilla opuesta, mezcla el ambiente de lago con calles medievales, plazas tranquilas y casonas renacentistas, además de un pequeño paseo junto al agua con buenos restaurantes.
- Trevignano Romano, más al norte, es el más relajado y familiar: playas tranquilas, tiendas de artesanía y las ruinas del castillo medieval de los Orsini, construido por orden del papa Inocencio III.
No te proponemos una excursión organizada, pero llegar es fácil con el tren regional FL3 (Roma-Viterbo): te bajas en Bracciano o en Anguillara y desde la estación vas andando o en taxi hasta la orilla.
9. ⛪ Abadía de Montecassino
Pocos sitios de Italia tienen una historia tan dura como Montecassino. La abadía, en lo alto de una montaña entre Roma y Nápoles, quedó en medio de una de las batallas más sangrientas de la Segunda Guerra Mundial, y el bombardeo aliado de 1944 la dejó prácticamente destruida. Lo que ves hoy es una reconstrucción fiel de después de la guerra.
Su historia empieza mucho antes, en el siglo VI, cuando la fundó San Benito de Nursia. De aquí salió el monacato benedictino para todo Occidente, con su lema “Ora et labora” (reza y trabaja). Todavía hoy viven monjes en el monasterio, y una parte del conjunto se puede visitar.
Entre lo más destacado están los claustros y la iglesia abacial, de decoración barroca muy recargada. La abadía conserva además una biblioteca con una colección importante de códices antiguos, pero es sobre todo de consulta para investigadores: no esperes recorrerla como el resto. De abril a octubre abre todos los días, de 9:30 a 18:30; en invierno cierra antes y el museo solo abre domingos y festivos. La visita guiada completa por el monasterio es con reserva, así que pídela con antelación. Muy cerca, ladera abajo, está el cementerio de guerra polaco, con los soldados que murieron en la batalla.
Para llegar, ten en cuenta que no hay excursiones regulares desde Roma. Montecassino está en el municipio de Cassino, a unos 130 kilómetros de Roma: vas en tren hasta Cassino y allí coges un taxi hasta arriba (mira antes si hay algún autobús local que te encaje).
10. ⚜️ Florencia y Pisa
Florencia y Pisa darían para un par de días cada una. Pero si tu viaje se limita a Roma y te quedas con las ganas de asomarte a la Toscana, una excursión de un día sirve de primera toma de contacto. Nosotros te recomendaríamos este tour a Florencia y Pisa.
En Florencia se recorre el casco histórico, Patrimonio de la Humanidad. Las paradas clave: el Duomo con la cúpula de Brunelleschi, el Campanile de Giotto, el Baptisterio de San Juan y sus puertas de bronce, y la Piazza della Signoria con el Palazzo Vecchio. De ahí se baja por la Via de’ Calzaiuoli hasta cruzar el Arno por el Ponte Vecchio.
Pisa se concentra en la Plaza de los Milagros (Piazza dei Miracoli), donde están juntos el Baptisterio, la Catedral de Santa María Asunta y la famosa Torre Inclinada. Si quieres saber más, tienes nuestra guía sobre qué ver en Pisa.
Eso sí, ve sabiendo que el tiempo en cada ciudad es justo. A cambio, ves las dos en un solo día y te despreocupas de trenes, horarios y conexiones.
11. 🏝️ Isla de Capri
Emperadores romanos, artistas, estrellas de cine: Capri lleva siglos siendo un destino de lujo del sur de Italia, y basta ver sus acantilados cayendo sobre el Tirreno, su paisaje escarpado y sus villas de lujo.
La isla está en el Golfo de Nápoles, mucho más cerca de Nápoles que de Roma, pero hay excursiones organizadas desde la capital que la hacen en un día. Una de las más completas es esta excursión a Capri desde Roma: autobús hasta Nápoles y, desde allí, unos 45 minutos de ferry hasta la isla.
En la parte alta de la isla está Anacapri, con unas vistas del mar tremendas y el teleférico al Monte Solaro, el punto más alto de la isla. Más abajo, el pueblo de Capri es todo calles elegantes, boutiques y terrazas mirando al mar.
La visita más famosa es la de la Gruta Azul, una cueva marina donde la luz tiñe el agua de un azul casi fosforescente. Se entra en barcas pequeñas y depende de cómo esté el mar, así que no siempre se puede. En la excursión de Civitatis, si el tiempo impide la visita a la gruta, la sustituyen por los Faraglioni. Y por tu cuenta siempre te quedan los Jardines de Augusto o los senderos de la costa hasta los Faraglioni, las enormes rocas que salen del agua y que son el símbolo de la isla.
12. 🛶 Venecia
Más de 500 kilómetros separan Roma de Venecia, así que puede sonar a locura ir y volver en el día. Pero con el tren de alta velocidad se puede, y si tienes poco tiempo y te apetece algo distinto, es una escapada posible, aunque muy exigente. Para organizarla sin líos está esta excursión en tren a Venecia.
Toca madrugar: el tren sale muy temprano de la estación de Termini y tarda unas 3 horas y 45 minutos. Al llegar tienes 6 horas libres y un billete de vaporetto de 75 minutos, el autobús acuático de la ciudad, así que el resto lo harás a pie. Te acompaña alguien que habla español, y puedes seguirle o ir por tu cuenta.
Seis horas dan para lo esencial: la Plaza de San Marcos con su Basílica y el Campanile, el Palacio Ducal y la Riva degli Schiavoni, justo al lado. Después, cruza el Puente de Rialto y piérdete por las callejuelas de San Polo, o siéntate sin más a ver pasar los barcos por el Gran Canal.
🧭 Qué excursión desde Roma elegir: cuáles son cómodas y cuáles van muy justas
Doce excursiones son muchas para un solo viaje, así que antes de nada conviene saber en qué grupo cae cada una:
- Cómodas, sin agobios: Ostia Antica, Villa d’Este, Villa Adriana, Castel Gandolfo y el Lago Bracciano. Trayectos cortos (30-60 minutos por tramo) que dejan margen real para disfrutar sin mirar el reloj.
- Factibles, pero de jornada completa: Nápoles y Pompeya, Asís (unas 12 horas con la excursión organizada) y la Abadía de Montecassino. Salidas tempranas y poco margen para imprevistos.
- Muy ajustadas como excursión de un solo día: Costa Amalfitana, Isla de Capri, y Florencia y Pisa si intentas verlas juntas. En estas tres, buena parte del día se va en trayecto — si puedes, valora dormir fuera en vez de hacerlas en el día. Venecia es la más exigente de las doce: casi 4 horas de tren en cada sentido para solo 6 horas reales en la ciudad.
Para decidir, piensa primero en cuántos días tienes. Con 3 o 4 días en Roma, lo sensato es una sola excursión corta (Ostia Antica o Tívoli), que te quita medio día o poco más y no le roba tiempo a la ciudad. A partir de 5 días ya tiene sentido reservar uno entero para algo más lejos, como Pompeya o la Costa Amalfitana.
Y un consejo de logística: no dejes la excursión larga para el último día. Si el tren o el autobús de vuelta se retrasa, prefieres que te pille con otra noche de hotel por delante y no con el vuelo de regreso a primera hora.
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