Escrito por Rachele Cervaro y Gábor Kovács
Australia era uno de esos destinos que siempre nos había hecho soñar. Un país inmenso, con paisajes imposibles de imaginar, animales únicos en el mundo y una mezcla curiosa entre lo salvaje y lo cotidiano. Después de muchos años viajando, por fin llegó el momento de cruzar medio planeta y lanzarnos a descubrirlo con nuestros propios ojos.
Nuestro viaje por Australia fue una aventura larga e intensa, de esas que se viven con todos los sentidos. Recorremos ciudades modernas y relajadas, pueblos en medio de la nada, playas infinitas y parques naturales donde la naturaleza manda. Nos bañamos en el océano, caminamos entre eucaliptos gigantes, conocimos a wallabies, koalas y ornitorrincos, y nos sorprendimos más de una vez con la fauna (y con las señales de tráfico).
En este diario queremos compartir contigo la ruta que hicimos, con todos los lugares que visitamos, nuestras experiencias personales y también algunos imprevistos que forman parte del viaje. Si estás pensando en viajar a Australia o simplemente te apetece acompañarnos virtualmente, aquí te contamos todo, paso a paso.
Sídney, la gran entrada a Australia
Sídney (Sydney) es una de las ciudades principales de Australia y junto con Melbourne es uno de sus destinos más populares del país. Su Ópera es uno de los edificios icónicos del mundo, pero la ciudad cuenta con muchos otros rincones interesantes. Además, es una ciudad con un ambiente que atrapa a la mayoría de sus visitantes. Aquí te contamos nuestra experiencia por esta ciudad maravillosa.
Nuestra entrada a Australia fue Sydney donde llegamos desde Fiji. Hemos pasado una semana entera en Sydney y la verdad es que lo pasamos fenomenal. De un lado porque nos acogió una familia que nos hizo sentir en casa durante todos los días. Hace algunos años Rachele hospedó en Barcelona a Grace, una chica de Sydney y ella fue amable de pedir a su familia que nos hospedaran. Sus padres, Gaye y Douglas y su hermano, Jack también son personas muy amables, nos divertimos mucho con ellos.
De otro lado Sydney nos pareció una ciudad encantadora, es una ciudad bellísima y es una mezcla tremenda de gente, nos recordó New York en muchos sentidos. Encima hizo muy buen tiempo toda la semana con sol y temperaturas bastante agradables. La verdad es que de entrada no nos gustaría vivir tan lejos de casa, pero en Sydney sería un placer vivir. Vamos a contar en una forma resumida las cosas que hicimos aquí durante esta semana.
Día 1. Llegada a Sídney
Llegamos a casa de Grace y su familia que viven en una casa en el barrio de Waverley muy cerca de la playa bien comunicada con el centro y cualquier otro destino. La primera tarde fuimos a dar un paseo por la playa con toda la familia. Aquí hay océano y el mar en las playas no es tan tranquilo como el mediterráneo, a veces puede haber olas bastante grandes. Para nosotros cuando aquí el mar está tranquilo es como si estuviese movido. Todos los Aussies saben nadar (es asignatura escolar) y para estar tranquilos y nadar en paz, en muchas playas han construido piscinas con agua de mar.
Día 2. El Harbour Bridge y las panorámicas de Sídney
Cruzamos andando el Harbour Bridge, unos de los símbolos de Sydney y nos sentamos para comer con vistas de la bahía, los rascacielos y el Opera House, inolvidable. Por cierto estos días hemos disfrutado mucho de la variedad increíble de comida asiática (casi un quinto de la población tiene orígenes asiáticas) que hay en Sydney encima es bastante barato. Comimos tailandés, chino, vietnamí, ñam-ñam. Desde Circular Quay salen todos los ferrys para los diferentes puntos de Sydney. tomamos el ferry que va a Manly que cruza toda la bahía y ofrece unas vistas hermosas de la ciudad.
Día 3. El centro de Sídney
Por la mañana acompañamos a Grace a la galería en que trabaja y luego dimos un paseo por el centro. A Gábor le encantó pasear entre los rascacielos en George Street. Fuimos a Chinatown a comer, y luego al Darling Harbour. Aquí nos encantó el monorail que es un medio de transporte que no habíamos visto nunca. Visitamos el barrio The Rocks que es el barrio más antiguo de la ciudad y sus edificios viejos se mezclan con los edificios modernos. Para acabar el día fuimos a ver la Ópera House desde cerca. Esta noche después de dos noches que Gaye nos cocinó cosas ricas, cocinamos un risotto de setas que salió muy bueno.
Día 4. Excursión a Blue Mountains desde Sídney
Fuimos a los Blue Mountains que son unas montañas muy bonitas que se encuentran a un par de horas de la ciudad. Se llaman Blue Mountains porque los inmensos bosques de eucaliptos desprenden un vapor azulado y el aire se tiñe de azul y es verdad si lo miras de lejos parece que encima de los árboles haya una manta azul. Primero visitamos la parte donde se encuentran las Three Sisters (tres hermanas), una formación rocosa de tres columnas seguimos pues por unas escaleras que bajan al valle. Aquí caminamos un rato y luego volvimos a subir pasando por unos miradores con buena vista. En Leura tomamos el tren y bajamos en la parada de Wentworth Falls donde hicimos otra caminata para ver una cascada bonita.
Día 5. Seguimos disfrutando del ambiente de Sídney
Al mediodía nos encontramos para comer con José, un amigo catalán que lleva dos años viviendo en Sydney. Por la tarde fuimos a ver algunas tiendas y paseamos por el jardín botánico. Por la noche tomamos un ferry para ir al otro lado de la bahía de donde contemplamos las luces de la ciudad.
Día 6. Excursión a Featherdale Wildlife Park desde Sídney
Este día volvimos a ser niños, fuimos al Featherdale Wildlife Park que es un zoo con animales típicos de Australia. La verdad es que fue un lugar bien distinto de los zoos que habíamos visto antes. Muchos animales caminaban tranquilamente entre la gente, muchos “wallabies” (canguros pequeños) están completamente libres, se les puede dar a comer y se les puede acariciar. Para la felicidad inmensa de Rachele, también había koalas de los cuales se podía acariciar algunos. Aunque había otros animales interesantes también, a Rachele le interesaba ante todo volver a acariciar los koalas y sacarles fotos 4-5 veces, jaja. Al volver a Sydney paseamos una última vez por el centro donde por ser sábado había mucho más gente que otros días y fuimos a despedirnos de las luches de la bahía. Por la noche para celebrar el día que hemos acariciado los canguros, Jack nos ha preparado unos steaks de este mismo animal que fueron deliciosos. Yendo al zoo nos hemos asegurado ver estos animales, ahora esperamos verlos en su ambiente natural.
Día 7. La famosa playa de Bondi
Por la mañana Gaye y Douglas nos invitaron a desayunar al Iceberg Club que se encuentra en la playa más famosa de Sydney, la Bondi Beach. Dimos un paseo por el mercado y luego pasamos varias horas en el parque más grande de Sydney que se llama Centennial Park. Es un parque con varios lagos, campos de deporte y mucho espacio verde para relajarse. Por la noche como despedida cocinamos “Rakott krumpli” un plato húngaro, aprovechando que en Australia se puede encontrar la crema agria que es ingrediente básico en la cocina húngara y hasta pudimos encontrar un salami en el supermercado que se llamaba “Salami Húngaro”.
⚠️ No viajes a Australia sin seguro de viaje 🛡️
Australia es un destino que invita a la aventura en estado puro: carreteras infinitas en el desierto, fauna salvaje que se cruza en tu camino y un sinfín de actividades al aire libre, desde bucear en la Gran Barrera de Coral hasta hacer trekking en el Red Centre. Pero con tanta naturaleza y tantos kilómetros por recorrer, tener un buen seguro de viaje no es un lujo, sino una necesidad.
Durante nuestro viaje por Australia, sabíamos que los imprevistos podían surgir en cualquier momento: una picadura, un resbalón en una ruta de senderismo, o simplemente una gripe en mitad de la nada. A veces, la ciudad más cercana queda a horas de distancia, y la atención médica en zonas remotas puede ser muy limitada (y cara).
Por eso elegimos viajar con Heymondo. La contratación fue rápida y sencilla desde su app, que además ofrece asistencia 24/7 y coberturas muy completas. Nos dio mucha tranquilidad saber que, si pasaba algo, teníamos apoyo inmediato, ya fuera por una urgencia médica o por una cancelación del viaje de última hora.
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3 días en la Great Ocean Road y visita relámpago a Melbourne
Melbourne, junto con Sídney, es una de las ciudades más conocidas y visitadas de Australia. Su ambiente multicultural y su calidad de vida la convierten en una de las urbes más agradables para vivir en el país. Muy cerca de Melbourne se encuentra una de las carreteras costeras más impresionantes del mundo, la Great Ocean Road. Aquí compartimos nuestra experiencia recorriendo esta zona tan especial.
Viaje de Sídney a Melbourne
Después de despedirnos de la familia Mackey, fuimos a recoger a Red, nuestra furgoneta alquilada con la empresa Spaceship, que sería nuestra compañera durante toda la ruta por la Great Ocean Road. Esta carretera comienza en Torquay, al sur de Melbourne. Nuestra idea original era viajar desde Sídney hasta Melbourne siguiendo la costa para luego iniciar la Great Ocean Road, pero como sólo pudimos alquilar el coche desde el lunes en vez del sábado, optamos por ir directamente a Melbourne por la autopista.
La primera noche dormimos en un área de descanso cercana a la autopista. En Australia, las autopistas cuentan con muchas áreas de descanso y en muchas de ellas se puede pasar la noche, a diferencia de Nueva Zelanda. Incluso en verano hay voluntarios que ofrecen té y café gratis bajo el programa «Drive Revive Survive». El segundo día llegamos sin paradas hasta Melbourne, cerca del inicio de la Great Ocean Road, donde volvimos a dormir en un área de descanso y al día siguiente comenzamos la aventura.
Great Ocean Road – Día 1
El clima no acompañaba, hacía mucho viento y las nubes amenazaban lluvia. Nuestra primera parada fue en Bells Beach, una playa amplia y perfecta para los amantes del surf. Como casi todos los turistas que visitan Australia, queríamos ver canguros y koalas en libertad. En Anglesea hay un campo de golf donde vive un grupo de canguros, muy recomendado por las oficinas de turismo.
Sin embargo, el día gris y el viento no ayudaron y no vimos ni un canguro. Más adelante, en Aireys Inlet, visitamos un faro con vistas al mar realmente impresionantes. La particularidad de esta costa es que las paredes rocosas son muy altas y casi verticales. Allí nos encontramos con dos señoras que nos contaron que en esa zona se pueden ver delfines, aunque tampoco tuvimos suerte con ellos. Eso sí, tuvimos más fortuna con los koalas.
En Lorne paramos para visitar las Erskine Falls, unas cascadas agradables, y luego el Teddys Lookout, un mirador con una vista muy amplia de la costa.
Para terminar el día intentamos buscar koalas en Kennet River, concretamente en la Grey River Road, una carretera famosa porque es casi imposible no ver koalas allí. Empezamos a recorrerla despacio, mirando los árboles… y sí, vimos el primero, luego el segundo y el tercero, todos en lo alto de los eucaliptos. Tomamos fotos y avanzamos un poco más, pero el viento había tirado varios árboles y un ranger nos informó que no se podía continuar. Un poco tristes por tener que dejar la carretera, pero contentos por los avistamientos, seguimos hasta Apollo Bay para buscar un lugar donde pasar la noche.
En la Great Ocean Road no hay muchas áreas de descanso donde acampar gratis, y las pocas que hay están en el bosque. Con el viento y los árboles caídos, preferimos alejarnos de ellos. Finalmente, acampamos en un área cercana a unos baños, aunque había un cartel que prohibía acampar. Esperábamos que con la lluvia y el viento los rangers no pasaran por allí. Esa noche llovió mucho y el viento fue tan fuerte que parecía que el coche iba a despegar.
Great Ocean Road – Día 2
Por suerte, al día siguiente el viento aflojó y apareció un tímido sol. Decidimos intentar otra vez ver koalas. Según el mapa, en la carretera hacia el Cape Otway Lighthouse hay muchas posibilidades. Con los ojos aún medio cerrados por el sueño, empezamos a buscar en los altos eucaliptos. Pronto vimos a una madre con su cría en la espalda, algo que nos pareció increíble, una emoción enorme.
Seguimos avanzando y parando para observar más koalas hasta llegar a lo que llamamos “el Árbol de los Koalas”, un eucalipto con más de 30 koalas y otros más en los árboles cercanos. Este árbol no es muy alto, por lo que los animales se ven muy cerca. Nos divertía especialmente uno que dormía en una rama justo encima de la carretera, indiferente a los coches que pasaban por debajo.
Caminamos hasta el faro, parando dos veces más para ver koalas a lo largo de la carretera, algunos incluso los tocamos apenas con dos dedos. Rachele estaba encantada.
No entramos al faro porque la entrada era cara y, al fin y al cabo, es un faro. De regreso paramos de nuevo en el árbol para observar a otra madre con su cría, disfrutando de esos momentos.
Después seguimos hacia Wattle Hill para llegar a Wreck Beach, donde se hundieron varios barcos y se pueden ver anclas en la playa con marea baja. Esta vez la marea estaba alta, así que no vimos nada. También visitamos dos de las formaciones rocosas más famosas de la ruta: los 12 Apóstoles y Loch Ard Gorge. Es impresionante cómo el viento y el mar han moldeado estas enormes rocas en el océano.
Esa noche acampamos en un campamento gratuito cerca de un lago, pero como no había baño, fuimos a una escuela del pueblo vecino para pedir permiso para usarlo.
Great Ocean Road – Día 3
El último día visitamos la reserva natural de Tower Hill, fuera de la Great Ocean Road, donde hay muchos animales. Esperábamos ver canguros en libertad. El día estaba lluvioso y variable, pero algunos canguros se refugiaban bajo los árboles cercanos. Pudimos ver muchos, algunos a cierta distancia y otros a solo dos metros. Fue muy especial también observar a un canguro bebé que se metía dentro de la bolsa de su madre.
Visita relámpago a Melbourne
Felices y satisfechos por haber visto lo que más queríamos en Australia, volvimos a Melbourne. Pasamos otra noche en un área de descanso de la autopista y al día siguiente nos encontramos con Nicki, una chica neozelandesa que habíamos conocido en Fiji.
Nicki fue tan amable que nos acompañó a recorrer la ciudad. Dimos un paseo por el centro, tomamos el tranvía antiguo que es gratuito para visitar varios puntos, y subimos a la planta 35 del Hotel Sofitel para disfrutar de una buena vista de la ciudad desde las ventanas del lavabo.
Por la felicidad de Gábor, visitamos el estadio Rod Laver Arena, donde se juega uno de los torneos de tenis más importantes, el Australian Open. Gábor estaba contento de poder hacerse fotos junto al estadio y la estatua de Rod Laver.
Melbourne nos gustó, aunque no tuvimos tiempo para conocer su vida real en profundidad. Ahora nos espera el noreste de Australia, con la esperanza de encontrar calor y sol.
Brisbane, puerta de entrada a Queensland
Brisbane es la capital de Queensland, situada en la costa noreste de Australia. A pesar de lo que nos habían contado, la ciudad nos pareció bastante agradable y con un ambiente más dinámico de lo esperado. Encontramos varios espacios con encanto y una atmósfera urbana fresca que nos sorprendió. Aquí comenzó nuestra aventura en Queensland.
Llegamos a Brisbane casi a medianoche, cansados pero con ganas de descubrir esta región conocida como Sunshine State, por la abundancia de sol que recibe durante gran parte del año. Era primavera, una época ideal para visitar: el clima era templado y evitábamos los monzones de verano que suelen provocar inundaciones. Sin reserva de alojamiento y sin transporte público disponible a esas horas, la única opción fue pasar la noche en el aeropuerto. A pesar de todo, descansamos bien y por la mañana tomamos el tren hacia el centro, instalándonos en un hostal del barrio chino.
Paseando por los encantos de Brisbane
El centro de Brisbane recuerda a otras grandes ciudades australianas, con calles limpias y varios edificios modernos, aunque sin la energía de Sydney o Melbourne. Aun así, la ciudad nos resultó acogedora, especialmente gracias al río que la atraviesa. Paseamos por el jardín botánico y cruzamos el río por un puente peatonal para llegar a Southbank, un área muy agradable.
Southbank ofrece amplias zonas verdes para descansar y una playa artificial con arena y piscina que aporta un toque especial al entorno. Mientras Rachele aprovechaba para relajarse, Gábor subió a Kangaroo Point, una zona elevada con vistas muy bonitas del skyline y el río.
Por la tarde, disfrutamos de un buen pollo en Nando’s, un restaurante que ya conocíamos de Londres y nos gusta por su salsa especial. Luego nos relajamos en el hostal, preparando la siguiente etapa de nuestro viaje.
Al día siguiente, tomamos un bus hacia las afueras de Brisbane para recoger nuestro tercer camper. Esta vez elegimos Wicked, una compañía con vehículos más económicos pero en condiciones menos cuidadas. A pesar de sus imperfecciones, era la opción más barata para continuar nuestra ruta por Australia. Nuestra nueva “casa rodante”, a la que llamamos Doggy, necesitó una buena limpieza nada más recogerla, incluso tuvimos que limpiar tierra de los cajones en el parking del supermercado. Veremos cómo se comporta durante las próximas dos semanas.
Viajando en la costa este de Australia entre Brisbane y Townsville
La costa este de Australia (Queensland) tiene muchos rincones bonitos. En este post te contamos nuestra experiencia por el tramo entre Brisbane y Townsville.
La Sunshine Coast
Después de recoger a Doggy, nuestra furgoneta, en Brisbane, empezamos nuestro viaje por la costa este hacia Cairns siguiendo la Bruce Highway. Como salimos algo tarde, el primer día no hicimos gran cosa. El segundo día tomamos un desvío para recorrer parte de la Sunshine Coast, una zona muy popular entre viajeros con presupuesto más alto, llena de resorts y alojamientos de lujo. Aun así, encontramos algunas playas más tranquilas para desayunar con vistas. Pasamos por Sunshine Beach y terminamos esta etapa en Nossa Head. Las playas son bonitas, aunque no nos parecieron especialmente espectaculares.
Fraser Island, la isla de arena más grande del mundo y Rainbow Beach
Volvimos a la carretera principal y el siguiente desvío fue hacia Rainbow Beach. Esta zona nos gustó mucho más: un entorno natural de dunas y playas muy fotogénicas. Llegamos hasta la punta de la península, desde donde sale el ferry hacia Fraser Island, la isla de arena más grande del mundo. Para visitarla se necesita un 4×4 o contratar un tour bastante caro, así que nosotros nos conformamos con ver la isla desde la costa.
Tin Can Bay, encuentro con delfines
Pasamos la noche en Tin Can Bay, un pueblo pequeño y tranquilo. No encontramos sitio libre para acampar, pero conocimos a cuatro franceses que viajaban en dos furgonetas montadas por ellos mismos con el dinero que habían ganado trabajando en Australia. Con ellos y una pareja de alemanes dormimos en el parking frente a una señal de “no camping”, cruzando los dedos para que no apareciera el ranger. La noche fue muy divertida: cocinamos carne en una barbacoa eléctrica pública (algo bastante común en los parques de Australia) y compartimos risas e historias. A la mañana siguiente, asistimos a una actividad muy curiosa: un grupo de voluntarios da de comer cada día a unos delfines que vienen al puerto. Llevan más de 50 años haciéndolo, así que los delfines acuden con regularidad. También venían pelícanos que se metían en medio y a veces robaban el pescado directamente de las manos de los visitantes.
Town of 1770
Nos despedimos de nuestros compañeros de noche y seguimos hacia el norte. Hicimos una parada en Bundaberg para comer y luego nos dirigimos a Agnes Water, un pequeño pueblo costero. Desde allí subimos hasta Town of 1770, un lugar con buenas vistas de la bahía. El nombre recuerda el año en que el capitán Cook llegó a esta zona. Dormimos en el camping municipal junto a la playa, que fue el único lugar donde pagamos por acampar con Doggy (y tampoco fue mucho).

Un trozo de Outback cerca de la costa
Ese día fue diferente. Por un accidente en la carretera principal, tuvimos que desviarnos hacia el interior antes de llegar a Marlborough. Aunque no estábamos lejos del mar, el paisaje cambió por completo y nos dio una pequeña muestra de lo que es el outback australiano. Durante más de 100 kilómetros no vimos ninguna población, solo algunas granjas aisladas. Como hay poco tráfico por esta zona, los canguros se mueven con más libertad y vimos muchos cerca de la carretera. Con la caída del sol y los canguros cruzando a su aire, empezamos a ponernos un poco nerviosos. Al llegar a Lotus Creek preguntamos a la señora del camping si conocía algún sitio gratuito donde pasar la noche. Fue tan simpática que nos ofreció quedarnos allí sin pagar, y además pudimos ducharnos con agua caliente, un lujo para nosotros. La puesta del sol sobre el paisaje del outback fue espectacular, y cenamos unas hamburguesas de canguro para cerrar el día.
Más aventuras
En los siguientes dos días avanzamos hacia Cairns, pasando primero por Rockhampton y después por Mackay, hasta llegar a Airlie Beach. Desde aquí salen las excursiones a las Whitsunday Islands, pero eran demasiado caras para nosotros. Además, la Gran Barrera de Coral está bastante lejos de estas islas, así que decidimos guardar el dinero para una excursión más adelante. Antes de llegar a Townsville, nos pasó una historia curiosa. Paramos en un McDonald’s para conectarnos a internet y fue allí donde Gábor se dio cuenta de que había perdido el móvil.
Buscamos por toda la furgoneta sin éxito, así que volvimos atrás recorriendo todos los lugares por donde habíamos pasado. Nada en la oficina de turismo ni en la gasolinera. Solo nos quedaba una última posibilidad: el supermercado, casi 70 km más atrás. No teníamos mucha esperanza, pero fuimos, y allí estaba. Alguien lo había encontrado en el parking y lo dejó en recepción. Un gesto que nos pareció increíble, pero que por aquí parece bastante común. Finalmente llegamos a Townsville y dormimos en un camping gratuito en la playa, a unos 20 km al norte, en Saunders Beach. Al día siguiente, teníamos planeada la visita a Magnetic Island, que se encuentra muy cerca de la costa.
Excursión a Magnetic Island y la costa entre Townsville y Cairns
Magnetic Island es una de esas islas que dejan huella, tanto por sus playas tranquilas como por la sensación de estar en un lugar donde todo va un poco más despacio. Además, el tramo de costa entre Townsville y Cairns fue, para nosotros, uno de los paisajes más agradables de nuestro recorrido por Australia. Te contamos cómo fue nuestra pequeña escapada a esta isla tan peculiar y lo que encontramos después en la ruta hacia el norte.
Cómo llegar a Magnetic Island
Ese día dejamos la furgoneta aparcada (sí, el parking del puerto de Townsville es de pago) y tomamos el ferry que conecta la ciudad con Magnetic Island. En media hora ya estábamos en la isla. Una vez allí, compramos un billete de autobús para todo el día, algo muy práctico porque te permite subir y bajar tantas veces como quieras en la línea que recorre los puntos principales.
Ruta a pie hasta los búnkeres de “The Forts”
Nuestra primera parada fue el inicio de uno de los senderos más conocidos de la isla: la caminata hasta The Forts. El camino sube suavemente hasta unas antiguas fortificaciones que se construyeron durante la Segunda Guerra Mundial, en previsión de un posible ataque japonés. A lo largo del sendero hay varios miradores con vistas preciosas a las calas que salpican la costa de la isla.
Además de sus paisajes, Magnetic Island es conocida por albergar una pequeña colonia de koalas en libertad, y este sendero es uno de los lugares donde se suelen avistar. Con el calor que hacía, imaginamos que muchos se estarían refugiando entre las ramas, pero tuvimos la suerte de ver uno que nos sacó una sonrisa con sus orejitas en movimiento.
Después de la caminata, volvimos a subir al autobús y fuimos hasta Horseshoe Bay, la cala más amplia de la isla. Nos sentamos a comer algo a la sombra y, después de reponer fuerzas, hicimos otro sendero hasta Radical Bay, una pequeña cala con palmeras y un ambiente muy tranquilo. El calor apretaba de lo lindo, así que el paseo fue intenso, pero el entorno merecía el esfuerzo. Al terminar, regresamos a Horseshoe Bay y tomamos el bus de vuelta al puerto. Esa noche dormimos en un camping gratuito cerca de Townsville, al lado del mar.
Rumbo al norte: de Townsville a Cairns
Al día siguiente pusimos rumbo a Cairns, pero decidimos desviarnos un poco para conocer Mission Beach. Esta zona nos gustó especialmente por su vegetación y sus playas amplias. Paramos a comer en Bingil Bay, una playa muy tranquila donde el tiempo parecía haberse detenido.
Allí conocimos a dos hermanos austriacos, Laura y Simon, con quienes conectamos enseguida. Nos animamos a hacer una pequeña ruta por el bosque pluvial de la zona, un entorno muy verde donde vive el “cassowary”, un ave enorme en peligro de extinción. Nos habría encantado ver uno, pero esta vez no hubo suerte.
En el camino de vuelta sí nos cruzamos con algunos canguros al borde de la carretera, y pudimos parar para hacerles algunas fotos.
Antes de que cayera el sol, fuimos con ellos a Gardners Beach y después nos instalamos en un área de acampada que conocían. Esa noche cocinamos juntos un curry con pollo y una salsa india que habíamos comprado. Simon se subió a por unos cocos y así pudimos hacer leche de coco casera, que le dio un toque genial a la cena. La acompañamos con un par de botellas de vino que ellos traían. Una noche sencilla, pero muy buena.
Por la mañana, después de despedirnos, pasamos por Etty Bay, otra playa que nos recomendaron. Es pequeña, pero tiene mucho encanto. Desde allí ya seguimos sin parar hasta llegar a Cairns. Al llegar, nos fuimos directamente a la oficina de información turística para ver las opciones que había para visitar la Gran Barrera de Coral. Reservamos una excursión y, como todavía quedaba tarde por delante, nos fuimos a descansar a un área recreativa en Gordonvale, a las afueras de la ciudad.
Snorkel en la Gran Barrera de Coral
Una de las grandes decisiones del viaje fue renunciar a las islas Whitsundays. Teníamos claro que, por encima de todo, queríamos ver la Gran Barrera de Coral, incluso si eso suponía un esfuerzo extra en el presupuesto. Elegimos Cairns como base porque es uno de los mejores lugares desde donde acceder al arrecife, ya que en esta zona se encuentra más cerca de la costa.
Desde aquí salen muchas excursiones, pero nosotros teníamos claro que queríamos ir a la outer reef, la parte exterior del arrecife, que se conserva en mejor estado y es más impresionante que los puntos cercanos a la costa. La zona interior puede recordar a otras islas tropicales como las Whitsundays o Fiji, pero nosotros queríamos algo verdaderamente especial.
Optamos por una compañía sencilla llamada Cairns Diving Centre, una de las pocas que te lleva directamente a pasar todo el día en la barrera, sin paradas en playas o actividades extra. Lo importante para nosotros era hacer snorkel en buenas condiciones, sin distracciones. Y acertamos de lleno.
El día fue perfecto: cielo despejado, mar en calma y muy buena visibilidad. Eso nos permitió llegar más lejos de lo habitual, hasta el Milln Reef, cerca del límite exterior del arrecife. El barco salió a las 7:30 y, tras una breve parada en la isla Fitzroy para recoger a más pasajeros, tuvimos nuestro primer momento mágico: una tortuga marina nadó tranquilamente junto al barco. Era una señal de que nos esperaba algo especial.
Llegamos al punto de snorkel hacia las 10:00 y nos tiramos al agua con un guía que nos llevó a los rincones más espectaculares. Pudimos nadar al lado de una enorme tortuga, literalmente cara a cara. Estuvo un buen rato con nosotros antes de volver a las profundidades.
Poco después apareció un tiburón de arrecife de metro y medio. Lo seguimos durante un rato, pero enseguida se alejó.
El resto de la mañana fue un festival de vida marina: peces de todos los colores imaginables y corales con tonalidades amarillas, rosas, moradas, azules… Una paleta que parecía sacada de un cuadro.
Volvimos al barco con una sonrisa que no se nos quitaba de la cara. Aunque no hubiéramos visto nada más en el día, ya habríamos quedado más que satisfechos.
Después de comer, volvimos al agua para explorar otra zona, esta vez donde se encuentran las Three Sisters (Tres Hermanas), tres formaciones rocosas llenas de coral y vida marina. Este punto está considerado como uno de los diez mejores de toda la barrera. Allí, además de un coral increíble, lo más impactante fue la cantidad y variedad de peces que nadaban alrededor de las rocas.
Entre ellos, vimos varias especies de peces payaso (los populares “nemos”), peces amarillos, azules, negros y algunos tan grandes que parecían más altos que Rachele. Nadar entre todos ellos fue como estar dentro de un documental, y lo más curioso es que ni se inmutaban con nuestra presencia.
Terminamos el día con una necesidad urgente: una buena ducha. Nos dirigimos hacia Babinda, donde supuestamente había un área de acampada gratuita con duchas calientes por dos dólares. No la encontramos, pero dimos con otra zona con duchas frías. En ese momento, después de todo lo vivido, el agua fría nos supo a gloria.
Cascadas, canguros y cocodrilos en el norte de Queensland
La zona que se encuentra al norte de Cairns es una de las más interesantes de Queensland y de Australia en general. Aquí se combinan selva tropical, cascadas, fauna única como cocodrilos y ornitorrincos, y paisajes verdes que invitan a recorrerlos sin prisa. Te contamos cómo fue nuestra experiencia por esta parte del país.
Las cascadas de Atherton Tablelands
Después de dejar atrás el campamento de Babinda, nos adentramos en la región montañosa conocida como Atherton Tablelands, famosa por sus cascadas repartidas entre valles, bosques y pueblos tranquilos. Nuestra primera parada fueron las Josephine Falls, una cascada de varios niveles rodeada de vegetación densa. Un rincón muy fotogénico.
Seguimos hacia el Crawfords Lookout, un mirador con vistas muy bonitas al río que serpentea en el fondo del valle. Más adelante hicimos una parada en las Ellinjaa Falls, una cascada de fácil acceso tras un corto paseo por el bosque.
La joya del día fueron las Millaa Millaa Falls, quizá las más icónicas de la región. El lugar es precioso, con una piscina natural donde Gábor no pudo resistirse a darse un baño. Aunque el agua estaba bastante fría, fue una experiencia increíble nadar hasta detrás del salto de agua y mirar a través del manto líquido que cae desde arriba.
Nuestra siguiente parada fueron los Lagos Tarzali, uno de los mejores lugares en Australia para ver ornitorrincos en libertad. Son animales muy escurridizos, pero aquí ya están bastante acostumbrados a la presencia humana y se pueden ver nadando o asomando durante unos segundos a la superficie. Una de esas experiencias que solo puedes vivir en este país.
Comimos algo cerca de las Malanda Falls, aunque comparadas con las anteriores nos parecieron menos espectaculares. Terminamos el día en el Lago Tinaroo, un lago bastante grande y tranquilo, ideal para relajarse. De camino a Kairi, donde íbamos a dormir, un canguro cruzó delante de nosotros. Íbamos despacio y nos dio tiempo de parar y disfrutar el momento.
Parque Natural de Daintree
Al día siguiente, tras un desayuno rápido y revisar el aceite y el agua de nuestra furgoneta “Doggy”, pusimos rumbo al Parque Natural de Daintree, una de las selvas tropicales más antiguas del planeta. Una de nuestras ilusiones era ver cocodrilos en libertad, así que contratamos un paseo en barco por el río Daintree.
La chica de la agencia fue muy simpática y, para nuestra sorpresa, nos ofreció repetir el recorrido tantas veces como quisiéramos pagando solo una vez. Aunque en primavera no es la mejor época para ver cocodrilos fuera del agua —porque las temperaturas ya son bastante altas—, el paseo fue muy agradable. El paisaje del río, rodeado de vegetación densa, nos recordó al Amazonas.
Durante el recorrido vimos algunas serpientes en los árboles, aves exóticas, y al final apareció un enorme cocodrilo de unos tres metros descansando en la orilla, medio oculto entre los árboles. El guía nos dijo que lo llamaban Scarface. Fue impresionante verle con la boca abierta, aunque costó sacarle una buena foto porque nunca se veía completamente.
Después de comer repetimos el paseo por el río. Esta vez vimos un cocodrilo más pequeño de cerca, descansando sobre una hoja grande, además de otras aves interesantes, entre ellas una que parecía un búho y dormía tranquilamente.
Terminamos el día regresando a Cairns por la carretera de la costa y dormimos de nuevo en el camping de Gordonvale, donde ya habíamos estado antes.
Kuranda y Baron Falls
El último día con nuestra furgoneta fuimos a Kuranda, un pequeño pueblo situado en plena selva tropical. Nos pareció demasiado turístico, pero muy cerca se encuentran las Baron Falls, unas cascadas que en época de lluvias deben de ser espectaculares. Aunque ahora llevaban menos agua, el entorno sigue siendo muy bonito.
Para comer paramos en Ellis Beach, una playa al norte de Cairns con una franja de arena larguísima. Allí vimos unos pájaros blancos comiendo fruta en los árboles, una escena divertida y curiosa. Antes de regresar a Cairns paramos para fotografiar un grupo de canguros. Aunque ya habíamos visto muchos, no nos cansábamos de observarlos.
Pasamos la última noche con Doggy en Gordonvale para estar cerca de Cairns. Para despedirnos del viaje en furgoneta nos dimos un pequeño homenaje con unos bistecs de canguro, que estaban buenísimos.
Al día siguiente, lavamos y aspiramos la furgoneta antes de devolverla en Cairns. Después nos alojamos en el Njoy Travellers Resort, un hostal muy recomendable, limpio, con habitaciones amplias y servicio gratuito de traslado al aeropuerto. Dimos un paseo por el centro y acabamos descansando en el césped junto a la Laguna de Cairns, una piscina pública con vistas al mar, perfecta para relajarse.
Y así terminó no solo nuestra estancia en Australia, sino también esta etapa por Oceanía.
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