Salimos desde Cuzco con destino Ollantaytambo, queríamos ir a Patacancha, una comunidad que nos había recomendado Willy en la cual se puede vivir con las personas locales y compartir su estilo de vida.
En Ollantaytambo comimos un menú y fuimos a comprar azúcar y pan para llevar a la comunidad. Nos habían recomendado no llevar nada dulce como caramelos porque dañan los dientes de los niños y en su lugar llevar azúcar, harina o pan.
Cuando empezamos a buscar la manera para subir a la comunidad que se encuentra a 3800 mt de altura, descubrimos que ya no había furgonetas para subir y que un taxi privado valía una fortuna. ¿Que hacer? Preguntamos a un policía local cómo llegar hasta la comunidad y otra vez tuvimos muchísima suerte. Nos recomendó al encargado de la municipalidad que iba a salir en 5 minutos. La municipalidad una vez al mes sube a las comunidades para dar harina y leche a las familias que tienen hijos menores de 6 años, hemos llegado en el día perfecto!!
Subimos al coche y llegamos a Huilloc por una carretera de ripio malísima. Aquí ya había otra furgoneta de la municipalidad con el médico y todas las mujeres y los niños de la comunidad estaban allí.

Chica de Huilloc

En estas comunidades los hombres y las mujeres visten con ropa típica muy colorada. Cuando llegamos todos los niños nos miraban mientras que a los adultos parecía no importar nuestra presencia, al final descubrimos que los niños más que a nosotros miraban el 4×4. Las chicas de la municipalidad empezaron a distribuir la harina y la leche y nosotros nos pusimos a sacar fotos.

Señora quechua con niño

Hablamos un poco con el médico que nos explicó que estas comunidades son muy pobres, viven de lo que cultivan que básicamente son patatas (en esta zona no crece nada más) y de las ovejas, conejos y cerdos que crian. Estuvimos casi dos horas en Huilloc y al final hicimos mucha amistad con casi todos los niños. Estaban muy curiosos de nuestra cámara de foto, les gustaba que les fotografiaras para luego verse en la pantalla. Los niños iban y venían pero había algunos que se quedaron mucho tiempo con nosotros. Había tres niñitas muy bonitas que nos sonreían muchísimo y con la cuales tomamos unas cuantas fotos, se divertían un montón con nosotros.

En esta zona no están muy acostumbrados a ver personas ajenas a la comunidad. A parte de los niños había mujeres, algunas de las cuales estaban allí sentadas simplemente esperando su turno, otras estaban hablando entre ellas y otras estaban trabajando con la lana.

Comunidad de Huilloc

Todas sus ropas se las hacen ellas. No compran nada, de las llamas recuperan la lana, la tiñen, la tejen y hacen la ropa. Es increíble pensar que en el 2012 aún quedan comunidades de este tipo donde aún se conserva su cultura. Fue una experiencía inolvidable!!!!!!

Sobre las 17.00 llegamos a Patacancha la comunidad en la cual nos íbamos a quedar. A diferencia de Huilloc, aquí no había nadie, seguro que no sabían nada de nuestra llegada. Una de las chicas de la municipalidad fue a llamar el responsable de la comunidad y descargamos la harina y la leche en un almacén para que al día siguiente el responsable lo repartiera. La chica de la municipalidad nos presentó a Juan, un señor que habla muy bien español (en estas comunidades se habla quechua y muy pocas personas hablan castellano).
Juan a veces recibe personas en su casa para hacer lo que se llama turismo vivencial. Juan vive en una casita de adobe que construyó el mismo. Al principio con su mujer Elena vivían en una pequeña casita que consistía en una habitación en la cual en una mitad había el espacio para encender el fuego con la leña (la cocina) y en la otra mitad en la parte superior estaban las camas y en la parte inferior vivían los conejos y los perros. Las palabras de Juan han sido:” vivíamos los dos aquí con nuestros animalitos”. Cuando nació Alberto, su primer hijo Juan empezó a construir al lado de la primera casa una casa más grande. Hoy en día la familia esta compuesta por Juan, Elena, Alberto, Rolando y la pequeña Madaline y la vieja casa se ha quedado como cocina y como casa para los animales.
Nosotros dormimos en una pequeña habitación muy acogedora que Juan ha construido delante de su casa. A esta altura hace un frío increíble y ninguno de ellos lleva calcetines y todas la mujeres llevan faldas sin medias. La realidad es que hasta los pequeños tienen la cara quemada por el sol y el frío y las piernas y los pies super secos. A nosotros nos daban un poco de pena, pero ésta es su cultura y hay que respetarla. Con Juan y su familia lo pasamos genial; Alberto es un gran cocinero, nos preparó una sopa riquísima, naturalmente con patatas.

Cocinando en Patacancha

Aquellos días había una importante discusión en la comunidad, dos jóvenes enamorados en lugar de ir a la escuela cogieron el van para ir a Ollantaytambo y tuvieron un accidente. Las madres se gritaban una con la otra y una culpabilizaba a la otra por no controlar a su hijo/a. Por este grave problema se hizo una reunión de comunidad por la noche y otra más pequeña por la mañana. Comimos sopa con patatas y zanahoria para el desayuno, la comida y la cena: eran siempre patatas de diferentes calidades pero para nosotros siempre patatas eran. Todos los niños saben hacer fuego y Alberto sabe cocinar, lo impresionante es que cogía las hollas calientes con las manos. El día siguiente a la nuestra llegada fuimos con Elena y la pequeña Madaline a pastorear las ovejas, Elena nos dejó solos con las ovejas y las vacas unos veinte minutos y Rachele casi se pierde 10 ovejas que se subieron a la montaña; menos mal que Elena volvío y rápidamente fue a recuperarlas.

Jugamos un poco con la adorable Madaline a la cual gustaba mucho Gábor y fuimos con Juan a seleccionar las patatas para la comida del mediodía.

Como ya os hemos dicho aquí tienen muchas variedades de patatas que conservan bajo la paja, aquí duran un maxímo de 6 meses. Cada tipo de patata sirve para hacer una sopa distinta y se corta de una forma distinta. Nos ensuciamos todas las manos pero fue muy interesante sobre todo cuando llegó la madre de Elena para ayudarnos o mejor para controlarnos si seleccionábamos bien.

Seleccionando Patatas

Comimos como siempre en la cocina sentados en la tierra (no hay suelo) encima de una piel de llama. Después de comer nos despedimos de toda la familia y regresamos a Ollantaytambo para volver a Cuzco. Aquí se acaba nuestra fantástica experiencia en la comunidad. Ha sido una de las experiencias que más nos ha llenado y enrequecido en este viaje!!! Estas experiencias te hacen pensar y entender muchas cosas!!!! El Machu Picchu nos espera!!!!!

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